Por si no te Vuelvo a Ver [1997]

30 abr. 2015

Estrenada en 1997, Por si no te Vuelvo a Ver, dirigida por Juan Pablo Villaseñor, es una muestra magnífica de buen cine mexicano contemporáneo que vale la pena disfrutar y ver más de tres veces. 

El filme ganador del premio Ariel como la Mejor Película, cuenta la historia de un grupo de señores de la tercera edad viviendo en un asilo de rígidas y estrictas reglas. La banda sonora compuesta por grandes temas mexicanos de la época de oro es protagonista por sí sola y sirve de pretexto para conocer la historia de Bruno (Jorge Galván), un caballero que sufre la pérdida de Rosita (Blanca Torres), su amor platónico de cabello gris y gran corazón.

Al fallecer ella, Bruno emprende una aventura para entregar las cenizas de su compañera y amiga a su sobrina Margarita (Leticia Huijara). Con este objetivo en mente él y cuatro amigos más, Poncho (Ignacio Retes), Óscar (Justo Martínez), Fabián (Rodolfo Velez) y Gonzalo (Max Kerlow) se convierten en prófugos del asilo y de paso inician una sorpresiva carrera como músicos y cantantes.

La película es un homenaje al México que ya se fue, una frase trillada que duele sea tan real en pleno siglo XXI. Aunque está ambientada a finales de la década de los 90s, el elenco de lujo es suficiente para revivir las cosas que la mayoría de los habitantes del país azteca extrañan hoy en día, mientras que para otros son elementos desconocidos: la comida tranquila en compañía de los amigos, la canción bohemia y romántica, la música como parte importante de la cultura popular y sobre todo la camaradería y amistad sin condición de tiempo ni edad.

El romance ocasional puede ser parte también de este escenario y es representado en este filme por la relación intergeneracional entre Bruno y Margarita, quien labora como bailarina y fichera de un cabaret algo sórdido.  La dirección de Juan Pablo Villaseñor desgrana la historia de forma amena y suave, sin caer en exageraciones y sin abusar de los recursos tan usados en el cine mexicano moderno: desnudos innecesarios, lenguaje vulgar o hiperviolencia.

Los cinco ancianos se ven inmiscuidos en un asunto de drogas debido al abuso del jefe de Margarita, quien pretende usarlos como mulas. Pero ellos se adelantan y con la ayuda de ella les tienden una trampa a los mafiosos personajes. Margarita vende la droga  y les envía una buena parte a ellos, quienes a su vez son regresados a su morada en medio de un gran escándalo. Posteriormente escapan de nuevo y visitan a Óscar, quien quedó herido luego de enfrentarse con los dueños del cabaret, o mejor dicho, los vulgares narco traficantes quienes son capturados por la policía.

El sueño de Margarita es visitar Australia y gracias a este inusitado y peligroso movimiento comercial, consigue viajar hasta allá sólo para decepcionarse al ser rechazada por su galán de habla inglesa, el príncipe azul de su castillo de naipes. 

Pero al regresar ella, el final feliz está garantizado y tiene como escenario a la ciudad de Tijuana, la última morada de Rosita: todos están juntos de nuevo y retoman su carrera musical en el antiguo cabaret, pero ahora con nuevas vocalistas: la misma Margarita y Silvia (Zaidé Gutiérrez), la enfermera amigable, atractiva y simpática que se convierte en cómplice de los aguerridos señores, una vez que comprueba las injusticias a las que son sometidos por parte de la directora del asilo (Ana Bertha Espín) y el Dr. Eduardo Bolaños (José Carlos Rodríguez). 

El ambiente de cabaret no invita a la tristeza en Por si no te Vuelvo a Ver. Vamos, no se trata de una producción al estilo de Epigmenio Ibarra (gran director) exhibiendo miseria y dramas desafortunadamente muy reales, como él acostumbra. Por el contrario, las secuencias musicales y las escenas de baile con exóticas mujeres incluidas son sólo el rostro de la más pura diversión. Es ese ambiente de bar con cigarro y copa en la mano en la que se ahogan las penas o se departe con los amigos, en medio de risas y con la expectativa de conocer a alguien especial con quien pasar la madrugada… o tal vez tu vida entera. La noche siempre tiene sorpresas y éstas pueden ser muy agradables.

Además de las entrañables Frenesí y Negra Consentida del maestro Joaquín Pardavé, la canción Hilos De Plata cobra vida de nuevo en las hermosas voces de Leticia Huijara y Zaidé Gutiérrez. La escena final  no puede ser más adecuada y nos deja soñando con la parte más perfecta de México. Este país necesita más parejas que bailen bien abrazados al ritmo de estas canciones. Esto es lo que la mayoría queremos, no secuestros, violencia, inseguridad, promesas políticas rotas e injusticias. ¿Podemos soñar con ello mientras escuchamos esta perfecta banda sonora?


Por Si No Te Vuelvo a Ver es también un tributo a las personas  a las que les debemos nuestra vida y enseñanzas: aquellos que ya vieron pasar más de setenta calendarios ante sus ojos, pero aún nos siguen regalando su presencia y cariño mientras escuchamos las mil y un anécdotas de ese país mágico que los vio crecer entre juegos, bailes y boleros románticos.


No podemos cerrar esta reseña sin mencionar a la gran Angelina Peláez (Diana), quien en algo nos recuerda a esa amiga, novia o tal vez hermana siempre en busca de afecto y con la ilusión de compartir algo más que una comida ocasional con esa persona especial. La que voltea a San Antonio con fervor y espera el día de ese milagro. Finalmente ella encuentra ese cariño en Óscar. Así que es necesario ser persistente y siempre dar lo mejor en el presente instante.


Por si no te Vuelvo a Ver toma prestado su título del emblemático tema de María Grever. Pero esta película te invita a que la veas una y otra vez y te recrees con la nostalgia y el calor que brinda.

Abril 30, 2015

Por si no te Vuelvo a Ver
México, 1997
CCC, Imcine, Estudios Churubusco Azteca
Escrita y dirigida por Juan Pablo Villaseñor
Actuaciones de: Jorge Galván, Leticia Huijara, Ignacio Retes, Justo Martínez, Max Kerlow, Zaidé Gutiérrez, Rodolfo Vélez, Ana Bertha Espín, José Carlos Rodríguez, Angelina Peláez, Blanca Torres, Alfredo Alonso

Esta reseña está dedicada a mi madre María Elena, quien me enseñó a amar y apreciar el buen cine y música de mi país, México.

30 abr. 2015

The Kid [1921]

25 abr. 2015























Charlie Chaplin’s The Kid is the embodiment of the purest tenderness this genius was ever able to conceive. This time, The Tramp came to life again to rescue a baby boy (Jackie Coogan) who was abandoned by his mother (Edna Purviance), a single woman afraid to face the harsh judgment of a narrow minded society. 

The Tramp raises him in a humble, extremely poor household and the child recognizes him as his father. They live together all kinds of adventures and the very smart little boy (now five years old) learns every trick that his adoptive dad teaches him. 

At this point her mother has become a wealthy star, though she misses her son every day. She does a lot of charity work, and one day she crosses paths with her son without even suspecting who he is. 
 

Chaplin knew exactly how to translate a mother’s love on screen with just a few resources. So in this scene, she’s visiting some people in the tramp’s neighborhood to help them. Suddenly, the now very important lady asks some woman permission to hold her baby for a while. She sits outside the tramp’s house and then her son gets out and sits nearby.

This scene alone could have been titled Mother Earth Protecting Her Children: the mesmerized lady looks at the sky right before exchanging smiles with the kid. She almost looks like a virgin and with great generosity gives a present to him. The whole sequence stands as one of the finest scenes ever from a Charlie Chaplin movie, a living proof of how to create magic without even speaking. 


Eventually, the boy gets sick, so they call a doctor. This gentleman discovers that the tricky man is not the kid’s real father, so he notifies the authorities and the boy is taken away from him. After some legal bickering, the Tramp recovers the little boy. However, a note that the mother left in the cradle the day she abandoned him proves that he’s her beloved son.  

The Tramp and the Kid are now fugitives and there is a $1000 reward for the latter. They spend the night in a flophouse and the manager recognizes the child, so he takes him to the police station. The tramp wakes up and after looking for the boy everywhere, returns to his home, now locked by the police, and falls asleep on the stairs. 

After a strange dream (we’ll talk about it later) he wakes up and an officer takes him to the lady’s house. Finally, they all are together and everything is perfect in the world. The woman welcomes the Tramp into her house and he closes the door while holding the Kid

The Kid was Charlie Chaplin’s tribute to his deceased firstborn son. After going through one of the worst kind of pain any human being can suffer, he decided to pour out his heart to the audience. He shaped this masterpiece for over a year, and it was worth the wait, as the movie was a huge financial and critical success. 


Chaplin’s childhood haunted him until his very last day and he didn’t miss the chance to go back to those lonely times in The Kid. The poverty displayed on screen for instance, is just a reminiscent of the things he lived while growing up in London. There is a strong emotional element in this particular movie, but the whole product is not political-free at all: this piece of art is also a subtle protest against a non-equal system that perpetuates misery and denies all kinds of opportunities to the less advantaged members of society.


However, the main message of the movie is so simple, yet so important that it is often overtaken by the movie's high reputation itself.  It is unfair to compare such a masterpiece with any Hollywood current production, of course. Still, The Kid represents everything that is often forgotten in today’s world: the essence of love and the most selfless kind of generosity. 

                         

There are no tricks or hidden messages in this film, other than remembering the importance of nurturing, loving and taking care of the most valuable asset of our civilization: our precious children. This is why Chaplin’s tribute to his lost son represents cinema at its best. Fifty-two minutes of pure joy framed in a magnificent score composed by the mustachioed genius himself, as a celebration of life and goodness. 


Next time when you find yourself in trouble, take example from this endearing tramp and just go to take a nap for a while: the minute he falls asleep (after desperately looking for the boy) a new, fantastic world opens its gates for him. So that, a bunch of angels start dancing to cheer him up (even a cute “angel dog”) and he sees the kid again. After this marvelous, surreal sequence, he wakes up and the solution is right in front of his eyes. Finally he recovers his beloved son.
 
The tramp let go all of his fears and in this way he fulfilled his dream.
 
What are we waiting for?


The Kid
USA, 1921
Charles Chaplin Productions
Distributed by First National & Warner Home Video
Directed, written and produced by Charles Chaplin
Starring Charlie Chaplin, Edna Purviance, Jackie Coogan
Cinematography: R. H. Totheroh
Music by Charlie Chaplin


 

25 abr. 2015

Fight Club [1999]

18 abr. 2015


Abril 18, 2015

Humor negro, mensajes bastante interesantes, enorme carga sexual y grandes actuaciones definen la obra maestra de David Fincher, Fight Club. La novela de Chuck Palahniuk llegó a la pantalla grande en 1999 envuelta en controversia y con múltiples interpretaciones por parte del público y críticos.

No por casualidad la película no brilló en las grandes entregas de premios, pero es ese precisamente el punto: el filme es una crítica aguda y profunda al mundo materialista, frío y sin sentido en el que vivimos, o por lo menos vive una gran mayoría. Y los reconocimientos externos y las estatuillas forman parte de ese ecosistema artificial.

El punto de vista del narrador (Edward Norton) es expuesto mientras los personajes se van develando. Así conoce a Marla (Helena Bonham Carter) y más tarde a un enigmático personaje, Tyler Durden (Brad Pitt). Éste representa todo lo que él quisiera ser. Tyler encarna en sí mismo la vida que el narrador no se atreve a vivir y los sueños y pensamientos que rara vez quisiera expresar en voz alta.


El humor de Fight Club no está escrito para hacer reír a nadie. La ocasional carcajada del espectador sólo será resultado de ver la cruda realidad reflejada en pantalla: la soledad colectiva de la sociedad moderna traducida en vicios, traumas y obsesiones por asuntos que no valen la pena en lo más mínimo. 

Luego de acudir a grupos de ayuda para enfermos de diversos padecimientos con la esperanza de curar su insomnio, el narrador se involucra sexual y emocionalmente con Marla. Esta relación es el primer escalón para alcanzar la puerta de su libertad emocional, coartada por su trabajo de oficina en una compañía de automóviles. Sin embargo, el conocer a Tyler durante un vuelo representa el momento cuando su existencia cambia radicalmente.


Tyler ayuda al narrador a salir de su burbuja, pero no como lo haría un amigo en forma convencional. Lejos de palabras amables y autocomplacientes consejos, enfrenta al joven con su propia miseria, lo hace cuestionarse sobre sus convencionalismos sociales y vida insulsa y finalmente lo adentra a un mundo de violencia, hasta entonces desconocido para él. Todo esto se recrudece luego que Tyler se muda al departamento del narrador.

Tal violencia cobra vida en el escenario más bizarro que el joven empleado puede imaginar: el club de la pelea, un improvisado ring en el sótano de un bar en donde se dan cita hombres de diversas edades y condición física para luchar unos contra otros. El nivel de los golpes y la sangre derramada en esta sociedad secreta, simbolizan la frustración e ira resultantes de vivir en la total mediocridad. Tyler es la voz y el dirigente, por supuesto.



Constantemente, Tyler trata de despertar el pensamiento más profundo del narrador, una tarea que toma lugar a lo largo de la película. La idea de prestar más atención al mundo falso de la moda, celebridades y televisión queda despedazada en apenas una breve plática. 

El aguerrido y misterioso hombre rompe toda forma de convencionalismo social y exhibe lo trágico de la sociedad de consumo: la ropa costosa, la obsesión del hombre moderno para lucir como modelo de revista al invertir horas y horas de su tiempo en el gimnasio, cuando está alejado del objetivo principal del ejercicio físico (preservar y mejorar la salud) y por el contrario motivado únicamente por la vanidad y el deseo de llenar los estándares de belleza de una sociedad en decadencia. Y por supuesto, la tortura de vivir bajo la subordinación de un jefe por décadas. 

Todas esas cosas que convierten a los demás en esclavos y zombis no tienen la menor cabida en el universo personal de Durden.  Definitivamente, tampoco tendrían por qué tener cabida en la vida de nadie, en una sociedad con los pulmones suficientemente limpios para aspirar verdad en lugar de mentiras y manipulación.
 


Pero no es siempre limpieza emocional lo que Tyler pretende enseñarle a su discípulo: su cinismo y particular visión del sexo (el personaje lo lleva a la práctica de forma tan normal como comer o beber agua, ¿tal como debería ser, acaso?) son una parodia de la forma como la sociedad ha pasado de respetar su cuerpo y disfrutar del mismo, a la hipersexualización del ser humano en los medios de comunicación, profanando la inocencia de los más jóvenes y pequeños.

En efecto, cuando se forza al inocente a vivir rodeado de estímulos innecesarios a tan temprana edad, se sacrifica el propósito natural del disfrute sexual y comienza la veneración al Dios de la carnalidad tanto como se venera al dinero. De esta forma, lo que debería fluir orgánicamente se convierte en un espectáculo grotesco para entretener a las grandes masas, o en el menor de los casos, para esclavizar a millones de seres. La escena referente a los segundos de pornografía explícita en las películas para niños, ejemplifica este lastre perfectamente.




La historia esencial de Fight Club, la terrible violencia representada en el vetusto ring, refleja exactamente el status quo del mundo actual: la solución inmediata a los asuntos más importantes no parece ser el diálogo, sino el conflicto. Tyler es el líder que en apariencia incita al caos, pero en este contexto ese desorden tiene como objetivo liberar al otro yo (el narrador) de la existencia falaz que vive: su trabajo insoportable con un horario fijo y un jefe tiránico en una sociedad desechable de consumo, para comenzar. 




Tal como el personaje interpretado por Brad Pitt lo expone en la secuencia más importante de esta obra: para escapar de todo esto y reinventar el ser en todos los aspectos, es preciso comenzar desde lo más profundo. En sus propias palabras: No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida.

Mucho se dijo que la trama tiene una marcada carga homo-erótica, pero no parece ser el objetivo principal. En este sentido Fight Club es una celebración a la más cruda masculinidad, sin agregados de por medio. 


El eventual descubrimiento del narrador (Tyler nunca existió y fue sólo un desdoblamiento de su mente) resume el mensaje en unas cuantas palabras: la mente subconsciente guarda lo peor, pero también lo mejor de cada uno. Es cuestión de alimentar y regar el jardín donde se encuentran las semillas que germinarán en la realidad que quieres vivir, una que no debe perjudicar a nadie. 



Por el contrario, tal como Tyler violentamente obligaba a aquellos jóvenes a vivir la vida de sus sueños (con amenaza de por medio) y a despertar de su letargo, es entonces una labor obligada hacer lo mismo con nuestras existencias, aún cuando parezca que esta sociedad mediocre no lo permite. ¿Es necesario que alguien nos ponga un arma en la sien para entender esto?


Fight Club es un poema a la liberación personal y a la rebelión contra un sistema construido para crear robots sin voluntad y sin objetivos, adictos a la televisión y esclavos de la tecnología, aún sin comprender el enorme potencial de ésta y sus objetivos más nobles. Subyugados espectadores que bien podrían dar su vida por sus equipos de fútbol favoritos o estrellas de cine, sin darse cuenta siquiera que sus cuerpos y mentes están saturados de toxicidad y veneno. Irónico, ¿no es así?

Sin embargo, cada segundo que transcurre es una oportunidad invaluable para escapar del callejón sin salida y comenzar un cambio profundo y tal vez doloroso. Un cambio destinado a los valientes que elijan pensar y vivir, antes de comprar el producto de moda y embrutecerse con las mentiras que los medios masivos de comunicación inventan y relatan.

           

Algunos adictos a las teorías de conspiración y/o blogueros cristianos tacharon  la película de "otra basura más llena de símbolos illuminati destinados a desviar la atención del público del mensaje de salvación de Jesucristo". Bastante interesante, ya que la religión ha jugado un importante papel en la hipnotización colectiva de la sociedad moderna y la esencia del mensaje de la misma (amor incondicional) ha sido reemplazado por miedo, culpa, segregación y condenación. Así es: la manipulación religiosa es también parte del letargo global, y la situación actual del planeta es una cruel prueba de ello.
 

Esa es la peor ironía de todas.
 





Fight Club
Estados Unidos, 1999
20th Century Fox
Producida por Art Linson, Céan Chaffin, Ross Grayson Bell
Guión: Jim Uhls, basado en el libro de Chuck Palahniuk
Dirigida por David Fincher
Estelarizada por: Brad Pitt, Edward Norton, Helena Bonham Carter, Meat Loaf, Jared Leto
Música: The Dust Brothers
Fotografía: Jeff Cronenweth




 



18 abr. 2015

Smallville - Memoria - 3x19 [2004]

13 abr. 2015

"When you cried I'd wipe away all of your tears
When you'd scream I'd fight away all of your fears
And I held your hand through all of these years...
But you still have all of me."

(My Immortal - Evanescence)

Smallville went from a teenybopper version of Clark Kent’s teenage years, to a perfectly acted and directed kind of thriller dealing with darker issues. Memoria, the nineteenth episode  from Season Three, is a great example of this.

Lex’s deepest traumas come to the surface while being part of a sophisticated procedure at Summerholt in order to recover his past memories (he lost them earlier in this season). The most horrifying of them is also one of the Luthor´s creepiest secrets: the death of Lex’s baby brother, Julian.

Alexander’s tough personality is just a big façade to hide the loneliness and sadness resulting from a traumatic childhood. He’s not trying to forget any shallow “poor rich boy” kind of problems. His hurt inner child is still trapped in his body and mind, trying to find relief in an empty world. Other than Clark and Lana's friendship, Lex rarely finds the comfort and liberation he’s looking for.

In Memoria, Clark finds himself trapped in Summerholt. The experiment involves lots of kryptonite, so he becomes weak again and a very evil Lionel takes advantage of this with Dr. Lawrence Garner’s help. So that, Clark remembers Lara (his biological mother) for the first time and clearly sees the exact moment when his parents put him in that legendary spacecraft to send him to Earth. 



Eventually Lex discovers the truth and suddenly all accumulated lies and accusations get shattered by these revelations. The powerful young mogul remembers every detail with pristine precision: the baby screaming, his father’s anger when believing that he killed Julian, and worst of all, his mother’s hopeless insanity. 


He faces his father in a majestic scene where every lie comes to light. John Glover and Michael Rosenbaum definitely gave us the best of their talent. Their performances are powerful enough to move us to tears, as we can feel Lex’s pain while telling the truth to his father: Julian was murdered by Lillian, his mother. 

As horrible as it sounds, the tormented wife chose between killing her own child or letting him be raised by a soulless man, like Lionel. In such scenario, there is no forgiveness or peace of mind for any member of the Luthor family, whatsoever. 

Memoria ends with one of the finest Smallville closing sequences ever. There couldn’t be any more perfect soundtrack for this scene than Evanesence’s My Immortal (chosen by Madonna Wade-Reed herself). A very pensive Clark tells his mom everything that happened at Summerholt, including those early memories of Lara


There is a huge and wise contrast between the Luthor’s bitterness and the bond between Clark and his mom (Annette O'Toole). Her words still resonate in the minds and hearts of every Smallville fan when she pays tribute to his adopted son’s biological mother. Those simple words mean more than anything in this world for most human beings, of course.

Clark: I wish she could have met you. To see what a great mom I have.
Martha: She knows, Clark.  A mother's love never dies.


A warm hug in a wordless moment emphasizes the intention of the scene with great emotion. The haunting beauty of this sequence is one of the season’s highlights thanks to Miles Millar and Alfred Gough great effort (director and writer). 

So... is the power of true, pure love great big enough to overcome the darkest pain inside of us? You need to answer that question.

Tom Welling was already acting better than ever during Season Three, though the best was still to come. Definitely those early years are very special for every fan and every moment is worth watching over and over again.

                  
Let’s create our own great memories.

Smalville - Memoria - 3x19
USA, 2004
Directed by Miles Miller
Written by Alfred Gough, Miles Miller
Starring: Tom Welling, Michael Rosenbaum, John Glover, Annette O'Toole, Kristin Kreuk, Martin Cummins
Music by Mark Snow
Cinematography: Glen Winter

April 13, 2015

13 abr. 2015