The Normal Heart [2014]

27 jul. 2014


La exitosa producción de HBO Films titulada The Normal Heart empieza y termina con música de grandes contrastes. Genius of Love de ‘Tom Tom Club’ nunca se escuchó más kinky como en esta ocasión y algo de lo poco criticable del filme es la inclusión de algunos muy obvios clichés musicales gay, como You Make Me Feel de Sylvester y I Will Survive de Gloria Gaynor. El tema que ilustra la escena final es The Only Living Boy In New York, de Simon and Garfunkel. La legendaria canción no es gay precisamente, pero cuadra perfectamente con la soledad, tristeza y petrificación interna del personaje interpretado por Mark Ruffalo (Alexander ‘Ned’ Weeks) justo en ese momento.

En medio de este gran repertorio musical se encuentra una historia sincera, honesta, cruda e ideal para reflexionar seriamente acerca del lugar al que se dirige la vida de cada uno. Lo más interesante es que, tal como el título lo indica, este filme puede ser disfrutado y digerido por homosexuales, bisexuales, transexuales y heterosexuales por igual. Fundamentalmente, todos tenemos la capacidad de experimentar amor, odio y frustración. Esta es una parte muy importante de la película y la que une el espinoso tema de los inicios del terrible sida con los corazones y mentes de todos y cada uno de los personajes.

 
Ryan Murphy, mejor conocido por su trabajo en Glee y Nip Tuck, adapta al cine la obra de teatro de la autoría de Larry Kramer puesta por primera vez en escena en 1985. El elenco de múltiples estrellas prueba que en circunstancias extraordinarias los egos artísticos pueden ser sacrificados en pos de lograr la excelencia en pantalla. De este modo Julia Roberts se transforma y ofrece una actuación fuera de lo común en su currículum, superior totalmente a la del filme por el que ganó su Oscar, por ejemplo (Erin Brokovich, 1999). Ruffalo brilla y Matt Bomer se aleja para siempre del grupo de niños bonitos para consagrarse como una figura de peso y un actor bastante completo. Todos ellos mueven las sensibles fibras del televidente sin esfuerzo alguno y los cinéfilos lo agradecen.

The Normal Heart ofrece una mirada retrospectiva a la época cuando el “cáncer gay” llegó a los titulares y a la vida de millones de personas, muchos de los cuales eran homosexuales. La cantidad de factores que se combinaron para ello merecen un sesudo análisis por separado: el maltrato milenario a la comunidad LGBTT utilizando libros religiosos y dogmas impuestos por las corruptas iglesias a nivel mundial llevó a millones de hombres y mujeres gay a pensar que, en verdad, sus vidas no valían nada y eran dignos del desprecio ‘divino’. Un mundo hipócrita condena con argumentos infantiles en la mano y la gente ciega y llena de odio, por tradición obedece y sigue al resto.

Tal daño emocional desemboca en malas relaciones, promiscuidad y una vida decadente en gran parte de los casos (sexo sin protección en este contexto). Por otro lado la tremenda irresponsabilidad del gobierno de Ronald Reagan para combatir esta epidemia ocasionó un desastre a la larga. Recordemos también (aunque esto no se menciona en la película) las teorías nada descabelladas de conspiración que hablan de la creación artificial del sida como arma biológica por parte del gobierno de USA. Grotescamente inmoral, ¿cierto? Y mucho más lógicas que la fábula del primate contagiando esta enfermedad a seres humanos indiscriminadamente. A esta mezcla infernal habrá que agregar la ignorancia propagada por la Iglesia Católica al mando de Juan Pablo II, quien afirmaba que utilizar preservativo era un “pecado”. 

La ignorancia y perversidad del sistema político-religioso, aunado a la promiscuidad que caracteriza a parte de la comunidad gay dieron como resultado todo lo que se ve en pantalla durante las dos horas y 13 minutos que dura esta obra hecha sólo para televisión. Como es de suponerse, el sida se propagó a ritmo incontrolable y millones sufrieron las consecuencias. Las escenas que Murphy presenta en este filme son tan gráficas que dejan corta a Philadelphia (1993) y convierten a ésta en una obra mucho más digerible visualmente hablando.


Hechos históricos y ficción a un lado, The Normal Heart es básicamente una historia de amor. El hecho de enfocar una relación entre dos hombres con la misma naturalidad y las mismas características de una relación heterosexual habla de lo parecidos que somos los seres humanos en el fondo. En la película, Felix y Ned se encuentran por azares del destino, se enamoran y se brindan felicidad uno al otro. El drama que atraviesan fortalece ese amor y enfrenta al espectador a una pregunta que atemoriza a la mayoría: "¿quién estará a mi lado cuando agonice y esté próximo a partir de este mundo?".



Al saber que le queda poco tiempo, Felix acude con su virtual cuñado, Ben Weeks magistralmente interpretado por Alfred Molina para dejar su testamento en orden. El diálogo expresa en palabras la vulnerabilidad de un ser humano que lo tuvo todo en la vida y lo está perdiendo con gran rapidez. Sin embargo, quiere heredarle lo poco que posee materialmente a la persona que más ama, quien en este caso es su pareja homosexual. En esos momentos no hay odio ni castigo. Por el contrario, el amor, sin importar el género, siempre redime al ser humano que lo experimenta. 

En toda película hay un par de escenas cumbre. En The Normal Heart una de ellas es aquella donde la doctora Emma Brookner (Roberts) casa en forma simbólica a Felix y Ned ante la presencia del hermano de este último. Cuatro grandes actores se reúnen en un momento que puede servir para que miles de homófobos reconsideren su propia conducta, aunque esto aún es una utopía. Pero con o sin su aprobación el mundo sigue avanzando y liberándose de sus propios traumas, ignorancia y prejuicios para quienes ejercen con orgullo su propia sexualidad a pesar del rechazo y la discriminación que aún existe.

Mark Ruffalo llora al acercarse el final de la película con las notas de Simon & Garfunkel de fondo. Los seres llenos de odio festejan. Los religiosos frustrados pensarán que lo expuesto en la película es “el resultado de la rebeldía contra Dios”. Los cínicos se mantienen indiferentes. Pero el público sensible e inteligente tanto heterosexual como homosexual se seca las lágrimas, sonríe y se da cuenta que el corazón es igual en todos los seres humanos, al igual que la sangre. No distingue color, edad, nacionalidad o preferencia sexual.  

Es el mismo bombeo vital de todos los personajes de la película, tanto los miembros de la comunidad gay buscando justicia, igualdad y una solución a esta epidemia, como el de la doctora con poliomelitis con una gran sensibilidad bajo esa aparentemente dura coraza. El mismo del hombre que no acepta a su hermano homosexual, pero termina atestiguando con sus propios ojos que el amor, felicidad, dolor y desamor van más allá de las preferencias sexuales individuales. 

Ese es en esencia el corazón normal. Tal vez valga la pena alimentarlo con algo mucho mejor de lo que está acostumbrado.

























The Normal Heart, 2014
Dirigida por Ryan Murphy
Producida por Brad Pitt, Ryan Murphy, y Scott Ferguson
Escrita por Larry Kramer
Distribuida por HBO
Con las actuaciones de: Mark Ruffalo, Matt Bomer, Julia Robets, Jonathan Groff, Taylor Kitsch , Jim Parsons y Alfred Molina.
Música: Cliff Martinez
Fotografía: Daniel Moder 

Julio 27, 2014

Este post está dedicado a todos aquellos que han perdido a un amigo, pareja o familiar a causa del sida.

27 jul. 2014

The Way Home [2002]

15 jul. 2014



Julio 15, 2014

Las grandes producciones cinematográficas en ocasiones distraen al público de la intención original de una obra, la cual puede ser hacer pensar, reflexionar o formularse preguntas. En el caso de The Way Home, el más grande éxito de la directora Surcoreana Lee Jeong-hyang, el objetivo es relatar en 90 minutos una historia con la que muchos pueden identificarse en más de un sentido. La película está desprovista de grandes elementos técnicos y sofisticación fílmica, pero a la vez le sobra emoción y sentimiento.

Sang-woo es el nombre del malcriado niño que pasa un verano entero con su abuela, de quien no se menciona nombre en la película. Fuera etiquetas de cualquier modo, que aquí lo importante son los pequeños detalles. 

El pequeño Sang-woo, cuya madre lo deja al cuidado de la anciana en pos de un nuevo trabajo, no siente aprecio alguno por la señora. Ella, además de ser muda e ignorante de muchas cosas intelectualmente hablando, tiene que caminar encorvada debido a una enfermedad ósea. Nada de esto importa al citadino chiquillo, quien la convierte en su sirvienta prácticamente. De esta forma la abuela, quien tiene que trabajar duro para ganar unas cuantas monedas al día vendiendo lo que siembra y cosecha, lo trata de complacer en todo aquello que él pide, aunque sus intenciones no sean bien recibidas.


Poco a poco, el amor irresistible de la singular señora va conquistando el alma del niño. En un diálogo sin palabras, la vida sencilla de la rústica villa donde ella vive le hace pensar por vez primera en su vida que los momentos más absorbentes no requieren siempre de palacios, ni joyas ni costosos video juegos a los que él está tan acostumbrado. El enfrentar lo más perfecto de la creación y percatarse de lo valioso de la vida está siempre al alcance de nuestra mano, aún en un día lluvioso y en la más humilde choza en lo alto de una montaña: Este es literalmente el escenario de la película.
 
Sang-woo aprende también de la humildad de corazón y gran carácter de un pre-adolescente vecino de su abuela, Cheil-e quien le enseña a no disculparse dos veces por el mismo error. Tal es la sencillez y filosofía de la gente del campo, entre quienes se encuentra una simpática niña, la cual se convierte en el interés sentimental del rebelde niño.

La directora Lee Jeong-hyang narra de forma muy llana y simple la historia, sin ninguna extravagancia añadida. No obstante, su visión puede ser calificada de cualquier forma excepto de superficial. De esta manera, la película se convierte en una especie de fábula campirana-oriental, capaz de conmover a todo tipo de público y además mantener el interés de críticos y audiencia por igual.


Finalmente, Sang-woo aprende la lección más valiosa de su corta vida en el momento menos esperado. Luego de un fallido intento de día de juego con su nueva amiga, el cual  termina en accidente, regresa lastimado y lloroso a casa. 

Entonces, recuerda que en el bolso de su pantalón guardó un viejo paquete de su videojuego sin baterías, el cual su abuela había colocado entre sus juguetes ese día antes de salir. Tales  baterías eran bastante difíciles de conseguir en la zona. Sin embargo su abuela, en un gesto por demás inocente y puro decide obsequiarle el dinero que ganó con tanto sacrificio para que las adquiera, aunque esto le cueste un penoso regreso a pie desde el mercado local hasta su hogar con tal de ahorrar hasta el último centavo.

El regalo perfectamente envuelto en papel que tanto avergonzó en primera instancia al niño, ahora representa la reconexión con su propia alma y la de su abuela. Haciendo referencia al título de la película, este es el auténtico regreso a casa. La lección de amor incondicional toca su vida. Y como todo amor verdaderamente transformador, lo convierte en un mejor ser humano por decisión propia. De repente, todo aquello que le importaba pasa a segundo plano ante la revelación espiritual que tiene lugar en su infantil corazón.




El final de la película es cálido y feliz, ya que al regreso de Sang-woo a su hogar con su madre comienza a intercambiar cartas con su abuela (representada en pantalla por Kim Eul-boon, quien sorprendentemente nunca había actuado antes). La noble mujer aprende a escribir gracias a él, pero el esfuerzo le es perfectamente recompensado al niño, ya que ella a la vez le enseña a él todo acerca de la humildad, compasión, perdón y amor incondicional. 

The Way Home es una película lacrimógena, totalmente cierto. De aquí que sus lugares comunes excelentemente explotados e historia sencilla le hayan ayudado a romper el récord de recaudación de la poderosa Titanic (1997) en Corea del Sur. Sin embargo, el objetivo artístico de la directora y guionista se cumple a la perfección y los grandes presupuestos, marketing y costosos efectos especiales salen sobrando totalmente. 


                  

Siempre es momento para encontrar el camino de regreso a casa y en el trayecto reencontrarte con los mejores amigos, a los que acudirás en todo momento, tal como Sang-woo promete a su abuela. Incluso las cartas en blanco cobran un nuevo significado. Y tal como una de las sencillas amigas de la abuela le advierte cariñosamente, visitar a quienes amamos de vez en cuando antes de partir de este planeta, es una obligada, gratificante y elevada tarea personal. 

¿Acaso existe alguna otra cosa más trascendente que eso?




The Way Home, 2002
Distribuída por CJ Entertainment/Paramount Classics (en USA)
Corea del Sur
Escrita y dirigida por Lee Jong-hyang
Actuaciones de: Kim Eul-boon, Yu Seng-ho, Min Kiung-hyung
Fotografía: Yoon Hong-shik 
Música: Kim Dae-hong y Kim Yang-hee
Producida por Whang Jae-woo y Whang Woo-hyun







 

15 jul. 2014

The Way Home [2002]

14 jul. 2014



JULY 14, 2014

When it comes to movie making, having a sufficient budget is very important. Money is money, and the lack of it can literally kill a good project. However, there will always be films like The Way Home to remind us that, before big sets and expensive special effects, every movie director and screenwriter must have a genuine artistic intention and most of the time it comes from the heart.


South Korean filmmaker Lee Jeong-hyang could give a whole seminar about it. After graduating from Sogang University with a degree in French Literature, she got involved in cinema production and her most important project is this simple but unique movie. It tells the story of a seven year-old brat and his mute grandmother. He spends   the summer at her humble, poor house, as his mom is looking for a new job. 

The lady is an extremely rural person with no personal ambitions other than surviving every day. Actually, she suffers from an undisclosed bone disease that forces her to walk hunchbacked. 


Although the self-effacing woman remains nameless the entire movie, her actions and unconditional love for the kid are more than enough to fall in love with the character. Sang-woo’s lack of sympathy for her grandmother leads him to mistreat her in many ways. He uses her to buy him the things he likes, even though she has to work very hard every day to earn money.

Jeong-hyang’s style of direction is extremely simple with no hidden tricks or over-the-top camera action. On the other hand, cinematographer Yoon Hong-shik offers no surprises but his work is good enough to capture the audience’s visual attention. 

Despite all this effort, several critics were too harsh on this movie, and yes: Maybe The Way Home offers no cultural exchange. Maybe the storytelling is kind of soap-operesque and remains plain most of the time. But this film isn’t about intellectual dialogue or anything like that. It is about remembering what is really important in life.


Back to the movie, Sang-woo meets some friends along the way: a young girl with whom he falls in love, and a country boy named Cheil-e. They represent a way of life that he didn’t know until then and have a couple of priceless lessons for him to learn.  

Eventually, the spoiled kid learns how to appreciate his grandmother. After insulting and humiliating her several times, some kind of tender love grows on him little by little and now tries to help her whenever he can. 

Finally, the once hard-hearted young boy realizes what life is all about. In the worst moment of his vacation time, he finds a present from his grandma in his pocket: a gift-wrapped roll of money to buy new batteries for his favorite portable video game. 

The director knows perfectly how to take us back to those moments when the simplest gifts really made us happy. In those moments when we feel that life is unbearable, maybe we should go back to our secret space and talk to our inner child for a while. That could make everything better, right?


The film has a happy ending, as the two main characters keep in touch after Sang-woo leaves. He learns how to say “I’m sorry” and “I love you” from the bottom of his heart, and the grandmother learns how to write and read to send letters to his beloved grandson. They certainly found ‘their way home’ as now they have each other despite of distance.

Lee Jeong-hyan dedicated the movie to all the grandmothers in the world. The result invites us to watch it over and over again as a good friend who wants to hold us tight to keep our pieces together, like that lady in the local market who tells the grandmother:  “come by again before one of us dies”.
 
Life is short, but unconditional love lasts forever.

 

The Way Home, 2002
CJ Entertainment
South Korea
Written and Directed by Lee Jong-hyang
Starring Kim Eul-boon, Yu Seng-ho, Min Kiung-hyung
Cinematography by Yoon Hong-shik 
Music by Kim Dae-hong and Kim Yang-hee
Produced by Whang Jae-woo & Whang Woo-hyun

14 jul. 2014

The Intouchables [2011]

10 jul. 2014

July 10, 2014 

Olivier Nakache and Eric Toledano’s record-breaking film would have been another disposable ‘feel-good movie’ if it wasn’t based on a true story. Of course, there’s always a wide margin of reinterpretation of the facts surrounded real life events. Be as it may, this is a well-done, heartwarming film that will make you laugh in the best way possible.

Phillippe Pozzo di Borgo is the real Philippe, and according to a Telegraph article, he’s a smiling and happy man, pretty much like the character played by Francois Cluzet. The relationship developed in the movie with his caregiver, the young, strong and wild Driss Basary (Omar Sy) breaks more than a couple of rules and helps Philippe to forget for a little while about his own condition (he’s quadriplegic). 

The Intouchables is basically a story about friendship and the importance of self-sincerity and authenticity. Omar Sy’s  natural talent steals the movie most of the time, but it’s the huge contrast between the two main characters that makes the whole thing absorbing. Nevertheless, if the audience feels lost or even bored at any time, both directors know how to capture the attention again. Thereby, there is a famous dance scene with Earth, Wind and Fire’s Boogie Wonderland in the background in which Sy has the chance to showcase his dancing skills in one of the most memorable moments of the film. 


Both real life and on-screen 'Philippe' have a lot to tell you about overcoming genuine difficulties: not able to move any part of his own body, for instance. He faces his destiny patiently and his calm yet upbeat personality is the perfect complement to Driss’ youthful vigor.

The Intouchables is the best movie to watch with your family, but not exactly because it’s a corny and cheap 'guy movie'. Actually, this is an enjoyable piece of art with great actors, impressive cinematography and a pleasant supporting cast.  Never mind Philippe’s wheel chair: his strong determination will be more than enough to make you smile and think about your own life and personal challenges.


The Intouchables
France, 2011
Distributed by Gaumont
Directed by Olivier Nakache & Erik Toledano
Starring Francois Cluzet, Omar Sy
Music by Ludovico Einaudi
Cinematography by Mathieu Vadepied

 



10 jul. 2014

Cinema Paradiso [1988]

7 jul. 2014

“Siempre pensé que tenía miedo de volver. Y ahora, después de tantos años pensé que era más fuerte. Que había olvidado muchas cosas. En cambio, me encuentro frente a todo como si me hubiese quedado. Sin embargo, miro alrededor y no conozco a nadie”.

Cinema Paradiso (título original: Nuovo Cinema Paradiso) es un homenaje al cine en su más pura expresión y en su más cruda esencia. La galardonada película italiana conmovió al público de todas partes del orbe y lo obligó a abrir el baúl de sus propios recuerdos, algo que puede resultar arriesgado, brutal, gratificante, triste y alegre. Todo al mismo tiempo.

Giuseppe Tornatore dirigió el proyecto de su vida en 1988 y su visión simplista de personajes, paisajes, lugares y situaciones es lo que convierte a esta obra en una pieza genial e imperecedera. Esa simplicidad, sin embargo, está repleta de belleza y tintes idealistas.  El director juega alevosamente con la psique del espectador con base en una estructura muy bien definida en la ultra Católica sociedad italiana de la postguerra: las figuras de autoridad emocional y religiosa (representadas en el sacerdote del pueblo y la madre del personaje principal). La figura paterna sustituta, a cargo de Alfredo, el mentor del pequeño Salvatore (Toto). Y la representación del amor romántico supremo, encarnado en la virginal Elena, el objeto de cariño del adolescente cinéfilo y soñador.
 
Tornatore echa mano de todo tipo de triquiñuelas y recursos cinematográficos para enfatizar e inyectar vida a cada una de las escenas, todos ellos perfectamente válidos. De esta forma, los close-ups  son tan importantes como el hermoso score a cargo de Ennio y Andrea Morricone. El uso excesivo de la música incidental permitió que las partituras se convirtieran en  personajes en sí mismas y son fácilmente reconocidas y apreciadas por los melómanos a ultranza.

Básicamente, Cinema Paradiso es el relato de la vida de un pueblo en la provincia italiana y cómo sus tragedias, tristezas, alegrías y encendidos deseos sexuales encuentran un lugar común en el cine local que da título al filme. El amor de Toto por la cabina de la sala cinematográfica recuerda al espectador lo breve de su tiempo en esta tierra y lo importante de hacer aquello que realmente amas, porque no vale la pena hacer otra cosa. Esa pasión lo lleva a convertirse en un experto en cine, técnica y artísticamente hablando.

Alfredo es el mejor padre que Salvatore puede llegar a tener, luego de perder al suyo en la guerra. El poco preparado pero inmensamente noble empleado de cine le enseña al pequeño y posteriormente al adolescente ávido de experiencias todo lo necesario sobre su oficio y la vida misma. De esta forma, se convierten en inseparables compañeros cósmicos, cuya unión desafía la tragedia y los años. 

El espectacular tributo cinematográfico al séptimo arte de parte de Tornatore tiene todo absolutamente para perdurar en la mente del espectador por una eternidad. Las academias de premios a nivel mundial así lo reconocieron, aunque no era realmente necesario. Cinema Paradiso ofrece una visión cronológica de la esperanza colectiva de cientos de personas, quienes  encuentran en el cine el refugio absoluto de la crueldad de la Segunda Guerra Mundial y de su propia eventual pobreza.

Las lecciones fílmicas suelen ser crueles. Y tal vez en esta ocasión lo más criticable del filme sea la moraleja anti-materialista relacionada con el destino final del personaje: “puedes tener éxito y fama, pero esto te costará  el amor, compañía y felicidad personal en general.” 

A pesar de ello, esta idea moralista pasa a segundo término ante los pequeños y grandes detalles de la obra que capturan los sentidos: la plaza con su loco defensor siempre en guardia, el mejor amigo de Salvatore recibiéndolo solitariamente cuando regresa del servicio militar con el corazón en la mano (quienes han visto la película saben quién es este breve pero entrañable personaje), el camino que recorre Alfredo diariamente de casa al trabajo en bicicleta, y el cine en sí mismo: el santuario de sueños y emociones cumplidas y frustradas. 

En más de un sentido, Cinema Paradiso subraya con énfasis la importancia del momento presente y el poder de valorar la sencillez  que damos por sentada día a día, antes que sea demasiado tarde. Después de todo, la vida tiene formas contundentes de recordarnos que no importa cuáles sean nuestros sueños, éstos también tienen fecha de caducidad. El reencuentro de Toto con sus amigos y conocidos de infancia habla bastante acerca de todo esto: la familiaridad y calidez ahora tienen un aire de distancia, y aquellos que formaban parte de su vida se han convertido en meros extraños.


Giuseppe Tornatore creó una obra magistral acerca del amor, la vocación, el crecer al lado de tus amigos, los inocentes sueños de infancia, el amor adolescente más puro posible, el inevitable despertar sexual, la dualidad tortuosa y fascinante a la vez de las figuras paterna y materna. Todo ello relatado a través de la pantalla del “Nuevo Cinema Paradiso”, el cual refleja la breve existencia de hombres y mujeres por igual y los eterniza en triacetato de celuloide. 

Afortunadamente, el tiempo no pasa tan brevemente como Toto expresa en una de las escenas cumbre y podemos disfrutar de estas dos horas de magia y celebración de la vida una y otra vez. Las actuaciones del inmortal Phillipe Noiret, el gallardo Marco Leonardi y el adorable pequeño Salvatore Cascio así como la fotografía de Blasco Giurato son la deliciosa cereza en el pastel.
 
Si para Toto el regalo final de parte de Alfredo es una caja de cintas conteniendo cientos de escenas de besos censurados, para quienes apreciamos la más impactante belleza cinematográfica el regalo perfecto es la sola existencia de esta película.
 
Gracias por ello señor Tornatore.


Cinema Paradiso
Italia, 1988
Distribuída por Miramax Films
Escrita y dirigida por Giuseppe Tornatore
Con las actuaciones de: Philippe Noiret, Marco Leonardi, Salvatore Cascio, Antonella Antinni, Agnese Nano and Jacques Perrin
Fotografía: Biasco Giurat 
Música: Ennio Morricone
Andrea Morricone

Junio 7, 2014

 

7 jul. 2014

Cinema Paradiso [1988]

6 jul. 2014

JULY 6, 2014

There are lots of coming-of-age films about silly teenage escapades, nonsense adventures and shallow romantic experiences. And then there’s Cinema Paradiso.

Vittorio de Sica would have been proud to witness such an elegant and timeless movie. Actually, Giuseppe Tornatore is a worthy heir to the glories of his ancestors. His second full-length film gained him international recognition and suddenly the young photographer turned filmmaker won an Oscar, a Golden Globe, several BAFTA Awards and The Grand Prix du Jury of the Cannes Festival, among other awards.


Tornatore’s cinematographic sense allows the audience to connect immediately with places, characters and landscapes. Every little detail is important, so the story of Salvatore, a young kid with a strong passion for cinema, is told in such a way that we often forget that we’re watching a movie. Actually, it is more like watching through the window to see the amazing things that all of us take for granted on a daily basis: a barking dog, a kid enjoying an ice cream cone, the noise of the cars and trucks on a busy day, and people chatting with each other as they shop for groceries for today’s meal.

Does it sound stupid? Well, just imagine being in a dark room missing all those banalities, so to speak. In the movie, Salvatore’s ‘dark room’ is represented by his every day routine and poverty. He gets through his life thanks to Cinema Paradiso’s projection booth and finds it so interesting that it quickly becomes his calling. 

French actor Philippe Noiret gave life to the now mythic Alfredo: a middle-aged man with a humble heart, whom teaches Salvatore everything he needs to know about cinema projection and life. He becomes the most important father figure to the eager-to-learn child and helps him to heal his wounded heart more than twice.

Salvatore’s first love, Elena, is a pivotal character that links the past with the present. That love never goes away, even when he gets fame, fortune and tons of one night stands. 

After tragedy strikes, Alfredo and his young disciple get closer than ever. Unfortunately, life comes between them and there’s no turning back.


The movie’s exquisite elegance gets to its highest level during Salvatore’s comeback sequence. It is never easy to realize that we all are getting old and there are dreams that were never fulfilled. Dealing with our own memories is even harder, especially when the future isn’t so bright. All of this is perfectly represented in the last part of the film. Suddenly, Salvatore’s friends and acquaintances are just strangers for him. People that were a very important part of his life are now just another memory.
 

There are a lot of tearful cinematographic tricks in this film to move the audience’s feelings. Some of them may seem clichés but even so are powerful enough to create a strong emotional experience: When the young man comes back from the Military Service, he finds an empty square usually very crowded but no one welcomes him back. Then out of the blue a dog appears and greets him like a best friend. 
 
As you can see, Giuseppe Tornatore loves to play with the audience's emotions in a very good way. Therefore, this one of a kind movie gets you thinking from time to time: yes, life is beautiful. There’s enough beauty in every day’s life and there’s a kind of magic in living a simple life with no regrets and no hate at all.


 

The simplicity of every scene turns the whole thing into something powerful and unforgettable. This movie whispers in your ear every second, exactly the same way that Salvatore's memories resonate within his head when he attends Alfredo's funeral. It takes you back to your childhood days: that time when you still believed in magic and dreamed about becoming a superhero. That kind of innocence can chase your demons away and make them cry, so don't be afraid to find it every day.

Ennio and Andrea Morricone’s score underline each scene with such precision that music becomes a character on its own. The movie's soundtrack is definitely a must-own.


Essentially, Cinema Paradiso is a story about a group of people living their lives through the movie theater screen, finding joy in films and running away from the cruelty of losing their friends and relatives in World War II. And even in those moments, they find solace in the Seventh Art. That’s why Salvatore (beautifully played by Marco Leonardi) smiles when he sees a Gone With the Wind poster, even when he just found out about his father's death as his grieving mother is holding him tight. 

And that is why we are thankful that such an amazing movie was made. 





Cinema Paradiso
Italy, 1988
Miramax Films
Written and Directed by Giuseppe Tornatore
Starring: Philippe Noiret, Marco Leonardi, Salvatore Cascio, Antonella Antinni, Agnese Nano and Jacques Perrin
Cinematography: Biasco Giurat 
Score: Ennio Morricone
Andrea Morricone

 

6 jul. 2014