ROMA o la vida en blanco y negro según Cuarón [2018]

19 feb. 2019

Febrero 19, 2019.

Advertencia: reseña con spoilers.

Cuando por primera vez vi Roma, de Alfonso Cuarón, aquel sábado 14 de diciembre del 2018, tenía cero expectativas sobre la película. Pensé que tal vez sería una pieza de cine de arte muy rebuscada e interesante  para algunos, pero no para mí. Los premios y reconocimientos que ya había obtenido no me impactaban en lo más mínimo y bajo ese enfoque decidí verla en familia.


Me equivoqué totalmente. De hecho, fue una experiencia ligeramente cimbreante por varios motivos. Conforme transcurrieron los minutos, llegué a un par de conclusiones:

1) Cuarón es obsesivo con los detalles, incluso aquellos que resultan escatológicos e involuntariamente cómicos (sí, hablo de El Borras).

2) Los hombres somos miserables en muchos sentidos. 

Sin embargo, afirmar esto último es simplificar totalmente el significado y valor de la película. Por ello, tal vez el primer error de las grandes masas que descalifican a diario el filme en redes sociales, es ni siquiera comprender la razón que originó la historia: no se trata de una película hecha para impactar con efectos especiales o con la actuación extática de una actriz protagónica al más puro estilo Gloria Swanson en Sounset Boulevard o Dolores Del Río en Bugambilia.

Estas dos leyendas del cine realizaron un extraordinario trabajo, porque así lo requerían sus papeles: mujeres viviendo un interminable drama que requería una gran dosis de lágrimas, frenesí y –en el caso de Swanson- total locura.

Pero no era eso lo que el director necesitaba de Yalitza Aparicio, la maestra de preescolar ahora convertida en actriz, celebridad internacional y nominada al premio Óscar. Su trabajo era sustancialmente diferente. Entonces, ¿qué es lo que requería para realizar el papel cinematográfico más comentado de los últimos años?




“Para Libo”

La dedicatoria al final de la película lo dice claramente. Roma no es un producto hecho para atrapar con secuencias pletóricas de acción y drama cada 30 segundos. Tampoco es, en sí misma, una película de denuncia. Es un homenaje a una de las personas más importantes en la vida de Alfonso Cuarón. Si Fred Zinnemann dirigió un poema de dos horas al amor por la patria y al valor a la amistad en De Aquí a la Eternidad, entonces el talentoso director mexicano produjo una evocación en blanco y negro dirigida a Libo, la sirvienta y nana que representa una de sus dos importantes figuras maternas.

Yalitza Aparicio
Yalitza Aparicio interpreta a "Cleo", la importante figura materna en la vida del director.


Es eso lo que Roma representa. Un relato costumbrista sobre el México de los 70s y sus múltiples rostros, lugares y personajes. Las licencias poéticas fueron necesarias para narrar un periodo en la infancia de Cuarón al lado de Cleo, el nombre atribuido a su nana en la película. Por lo tanto, el filme es un relato de un segmento de vida, sin mayor pretensión política o social. Irónicamente, ha abierto el diálogo en este aspecto de manera sorprendente.

La película atrapa visualmente gracias a la impecable fotografía y a los planos secuencia que destilan nostalgia y muestran la Avenida Insurgentes y el Cine de las Américas en todo su esplendor, entre otros escenarios. Por unos segundos, la ciudad de México en esa década se magnífica ante los ojos del espectador y luce desprovista de contaminación, devaluación y con un ligero toque de esperanza.

Planos secuencias de Roma, de Cuarón
Los planos secuencia en "Roma" son protagonistas por sí mismos en algunas impactantes tomas.


El desamor en los tiempos de Cleo y Sofía

Roma detalla de manera paralela las vidas amorosas de Cleodegaria y Sofía (una imponente Marina de Tavira). Esta última resume en un solo abrazo al indiferente esposo (Fernando Grediaga), la manera en la que tantas mujeres en México se han aferrado por décadas a la figura patriarcal aunque esto en ocasiones implique traición sin reparo.  

La banda de guerra que atraviesa su calle por ese momento subraya el dolor de Sofía y sus ganas que por un momento todo fuera distinto al ver partir a su esposo en busca de nuevas y muy apetitosas aventuras. ¿Acaso alguien en el público recuerda esa misma expresión en el rostro de sus madres, hermanas, tías o abuelas, en algún momento de sus vidas?

Marina de Tavira
Marina de Tavira impresiona como "Sofía", la figura femenina atrapada en un matrimonio poco satisfactorio.


Yalitza Aparicio, por su parte, realiza un extraordinario trabajo en una escena que el director ha titulado en sus redes como “El Abismo de la Certeza”. Ante la huída de Fermín (Jorge Antonio Guerrero), la otra figura vil y viril de la historia, sin necesidad de palabras, transmite el dolor de la pérdida. Aquellas pérdidas que, por un instante, parecen eternas. O así es como lo procesa nuestra mente, que también suele traicionar al corazón.

Más tarde, Sofía remata el argumento con una línea emblemática: “no importa lo que te digan, siempre estamos solas”. Muy probablemente con el tiempo, estas imágenes sean consideradas algunas de las más importantes de la cinematografía mexicana y mundial de todos los tiempos.

Esta reseña no pretende de manera alguna ser un discurso progresista, pero la realidad es contundente. Así que, señores que alguna vez decidieron unir su vida al de una mujer que confío en ustedes en todos los sentidos: es momento de reescribir la historia y valorar de verdad al objeto de su afecto.

Roma
El blanco y negro en "Roma" impacta visualmente y atrapa los sentidos en cada secuencia.





La edad de la inocencia 

Dentro de todo el drama vivido por las dos mujeres de diferentes estratos sociales, Cuarón deja suficiente espacio para que el espectador se regodee de sobra con los elementos más puros de su película. Así, el contraste de los niños pobres y ricos (gastemos estos términos una vez más) divirtiéndose, uno con un costoso traje de astronauta y  el otro, en Ciudad Neza deambulando con una cubeta en la cabeza, unen ambas infancias en una sola intención. Para el inocente de corazón, cualquier motivo es un pretexto para ser feliz. 

Cuarón sabe como transmitir belleza de manera bastante diestra. Un solo detalle, una sola secuencia en blanco y negro capaz de producir hilaridad y ternura a la vez, puede originar un interesante discurso: la pobreza no ha vencido a la inocencia. Al mismo tiempo, la riqueza no es enemiga de la ingenuidad. 

Roma de Alfonso Cuarón
La película de Alfonos Cuarón es también un poema a la inocencia que vive en el corazón de muchos mexicanos.


De alguna manera, y ya que la película es también un relato sobre la condición humana sin etiquetas, hay un gran contraste entre tales flashbacks de un México que alguna vez existió y el mostrado por otra obra que recordé brevemente en esos minutos donde se exhibe la pobreza de la ciudad en la búsqueda de Cleo por Fermín: Los Olvidados, de Luis Buñuel.

Buñuel realizó una obra que ha trascendido el tiempo, pero cuya crudeza deja poca alternativa para la esperanza, solo desplegada brevemente en la parte final. Roma, en contraste, parece arrojar indulgencia al rostro del público a diestra y siniestra a cargo de los personajes infantiles, increíblemente interpretados por un joven elenco (Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Marco Graf y Daniela Demesa), y del propio Borras.

Yalitza Aparicio, más allá de los premios


Las pseudo-críticas a la actuación “inexperta” de la joven Aparicio durante la primera parte de la película, convenientemente omiten el clímax de su actuación en los segmentos más dramáticos del filme. El primero al dar a luz a su fallecida bebé y el segundo al confesar aquello que la torturaba en plena playa de Veracruz, con la familia que tanto ama protegiéndola de un dolor que amenaza con consumirla. 

Los lamentables discursos clasistas de los comentaristas amateur empequeñecen ante tal ejecución. Tal como sucedió con Lamberto Maggiorani en Ladri di Biciclette, el humilde obrero convertido en actor gracias a la magia de Vittorio De Sica, Aparicio encuentra su propio lugar en la historia del séptimo arte con un papel que marcará por siempre su vida, decida o no continuar en esa carrera.  El traumático alumbramiento de Cleo tiene la suficiente dosis de crudeza para entristecer y el suficiente poder interpretativo para ser nominado a cuanto premio de actuación existe.

Yalitza Aparicio en Roma "El Abismo de la Certeza"
"El abismo de la certeza".




De la calma y lentitud a un momento gráfico y desgarrador en la sala de parto, Cleo conmueve en silencio y con intenso drama de la misma manera. En algún momento, de hecho existe cierto paralelismo con aquella inolvidable Florencia, interpretada por la magistral Norma Leandro en la película Gaby, a True Story, dirigida por Luis Mandoki (1987). 

La reconocida actriz argentina tampoco tuvo cientos de diálogos en ese gran filme y tampoco atrapó con una actuación por demás exagerada. Solo conquistó al público llegando a su corazón con una ejecución tranquila, pero cálida y poderosa.

Por ello, las academias de premios alrededor del planeta se han volcado en halagos traducidos en nominaciones. Pero Aparicio brilla más allá de estos galardones, sin duda alguna.

“Roma”, en pleno siglo XXI


El destello nostálgico que Alfonso Cuarón ha entregado al público sobre una década que ya se fue, no es de manera alguna un discurso político como tal, a pesar de las referencias al corrupto partido tricolor y a los acontecimientos de la matanza de Corpus Christi en 1971. La importancia de su obra supera incluso el diálogo que ha provocado respecto al clasismo y a la forma como han sido tratadas las empleadas domésticas durante décadas en México.

Por supuesto, todos y cada uno de esos temas son por demás importantes. No obstante, Roma es básicamente un vistazo al pasado y una historia de amor. Ya que el amor auténtico carece de etiquetas, las futuras generaciones disfrutarán y verán con nuevos ojos la historia de una mujer que, debido a tradiciones, creencias, patrones sociales y circunstancias comparte su existencia con la familia que decide adoptarla emocionalmente por siempre. 

El argumento parece sencillo, pero la forma, llena de detalles y de impecable cinematografía, produjo un resultado único. En este contexto, incluso las tomas cerrada sobre objetos y escenarios parecen más un breve ejercicio de meditación que es hecho pedazos por completo en el clímax del filme.




Roma fue una experiencia emocionalmente gratificante para mí y también catártica, pero no podía explicar el por qué. Fue en un momento, al aproximarse el final de la película que recordé algo aparentemente olvidado, sin relación alguna con la trama, pero que sin embargo pude sanar al ver la película.

Hace muchos años, en 1995, padecía una severa depresión debido a múltiples circunstancias. En un día cualquiera de ese año, entre marzo y abril, al dirigirme a un trabajo que realmente detestaba en una oficina contable, esperaba que un amigo pasara por mí en una esquina, a unas cuadras de mi casa. La sensación de vacío y amargura era constante. Incluso quería tomar medicamentos, pero ningún doctor quería recetármelos.  

El Borras Roma
El inolvidable "Borras", un hermoso elemento en la película de Alfonso Cuarón.


De repente vi pasar en la acera de enfrente a tres niñas, de entre 7 y 10 años, cantando, bromeando y platicando ruidosamente, como lo hacen los niños a esa edad. Atrás de ellas iba su perro, uno pequeño, moviendo la cola, feliz de estar con ellas. Entraron a la tienda y unos 5 minutos después salieron, repitiendo la imagen pero ahora de regreso a casa. Esa imagen de la cola del pequeño perro moviéndose sin césar me resultó cómica, tierna y curiosa en exceso.

Fue una escena impactante visualmente. Recuerdo verla y apreciar su belleza, pero por mi estado emocional, me dolió más de la cuenta, ya que pensé: “ojalá pudiera yo experimentar tal alegría, regocijo, sin ninguna otra preocupación. Ojalá pudiera yo estar en casa para siempre, feliz y tranquilo” (en ambos planos, física y espiritualmente).

Ahora comprendo que tal vez esa imagen de alguna forma apareció ante mis ojos para recordarme que todo iba a estar bien y que la verdadera dicha radica en el más pequeño de los detalles. Pero no lo comprendí en ese instante. Al ver esta obra de Cuarón, los mil elementos inocentes, mágicos, en blanco y negro de un México que existió hace casi 50 años, los que a la vez estallan en colores en la mente, me hicieron recordar ese instante. Finalmente, pude sanar ese momento y tal vez de ahora en adelante solo recuerde lo perfecto de tan inocente cuadro, apreciado hace ya más de 2 décadas.

Todo ello gracias a un filme de magna belleza que me hizo añorar el mundo simple lleno de ilusiones y sueños infantiles que vive dentro de muchos mexicanos, dentro de muchos hermanos de América Latina y de todas partes del mundo. Llamemos a ello “el gran plano secuencia de nuestra propia existencia”. 

¿Momento de agradecer por ello a Cuarón? Algo que dice que tendré que hacerlo. Por ahora, vamos a apreciar el más puro realismo en blanco y negro una vez más. 




ROMA
México, 2018
Escrita, dirigida y producida por Alfonso Cuarón
Compañías productoras: Espectáculos Fílmicos el Coyú, Pimienta Films, Participant Media, Esperanto Filmoj
Distribuida por Espectáculos Fílmicos el Coyú, Netflix
Elenco: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Fernando Grediaga, Jorge Antonio Guerrero, Marco Graf, Daniela Demesa, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Nancy García, Verónica García, José Manuel Guerrero Mendoza, Verónica García, Víctor Manuel Resendiz "Latin Lover"
Fotografía: Alfonso Cuarón

19 feb. 2019

From Here to Eternity (De Aquí a la Eternidad) [1953]

17 feb. 2019







Febrero 17, 2019

De Aquí a la Eternidad (From Here to Eternity) es el pretexto perfecto para recordar la época cinematográfica en la que los cineastas otorgaban un gran valor a la estética de una película como motor principal para despertar emociones. Este tiempo sin efectos especiales estrambóticos y sonido envolvente originó algunas de las más grandes obras acerca de la amistad, amor, erotismo implícito y valor viril.

El director Fred Zinnemann aprovechó al máximo a cada una de las súper estrellas que actuaron en su obra. Así, la tensión sexual entre Karen (Deborah Kerr) y el Sargento Milton Warden (Burt Lancaster) originó algunos de los diálogos y escenas más memorables de la cinematografía mundial. El deseo latente de uno por el otro, que sin embargo va más allá del simple coito ocasional para transformarse en un poderoso lazo de amor-deseo, es tan potente como la relación entre el mismo Warden y su protegido Robert Lee “Prew” Prewitt (Montgomery Clift). 

De hecho, From  Here to Eternity utiliza la figura de Prewitt como centro de la historia. Alrededor del atractivo, enigmático y al mismo tiempo noble e introvertido joven, se tejen las demás historias de amor, violencia y amistad que acontecen en el filme. 

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De Aquí a la Eternidad, Fran Sinatra y Donna Reed.
Frank Sinatra y Donna Reed brillan en este filme de Fred Zinnemann.


Prewitt se convierte en el receptáculo del afecto del capitán Warden, quien ve en él a una especie de alma solitaria y desprotegida capaz de llegar a la excelencia dentro y fuera del campo militar. A su vez, Prewitt es amado por Lorene (Donna Reed) y recibe la amistad incondicional y eterna del soldado Angelo Maggio (Frank Sinatra). 


De Aquí a la Eternidad


From Here to Eternity, para muchas generaciones, es básicamente una oda al amor por la patria y un poema fílmico de 2 horas de duración a la lealtad que surge de la amistad auténtica. La impresionante cinematografía sirve como vehículo para mostrar un elenco tan poderoso que derrite la pantalla con cada diálogo y con cada close-up. La naturaleza de pasión militar del filme, sin embargo, esconde muchos otras historias no difíciles de observar.

Una de las más curiosas es la manera como el personaje de Karen Holmes retrata a la perfección el doble estándar construido con base en la imagen de la mujer fácil. La mujer que tiene que soportar infidelidad de parte de un esposo poderoso, al desquitar su amargura fornicando con otros hombres, se convierte también en “la ramera del pueblo”. Como tal, la figura femenina pierde de una forma u otra. Pero ¿qué tanto ha cambiado esa doble moral desde entonces? 


From Here to Eternity love scene
Deborah Kerr y Burt Lancaster encienden la pantalla en secuencias que despliegan un muy fino erotismo.


La soledad de Prewitt y su larvada instrospección, por otra parte, parecen nunca concluir. El joven militar rara vez sonríe. Rara vez parece sentirse satisfecho con su vida y acciones. Parece ser que esa perpetua insatisfacción lo acompaña hasta el último instante de su vida y sin embargo transforma las existencias de todos aquellos que lo conocen de manera magistral.

Por su parte, Burt Lancaster y su representación de Milton Warden encarnan la esperanza última de la figura patriarcal capaz de resolver los más grandes problemas, proteger a otros y darse el tiempo de acostarse con la esposa de su superior, enamorándose en el proceso. 

Para los progresistas actuales, es una visión absolutamente machista del rol masculino en la sociedad. Para los cinéfilos a ultranza, por su parte, es simplemente la figura que representa poder y masculinidad férrea y que de alguna manera es capaz de brindar un equilibrio a la trama que acontece en esos 120 minutos, con o sin apetitos sexuales desbordados e incluso ilícitos.

Pero, ¿a quién sorprende que Lancaster, grande en la pantalla y grande en la vida real, encarne a la perfecta figura paterna, jefe, amigo y amante?



A pesar de ello, los puristas literarios estarán de acuerdo que en pantalla el público aprecia una versión bastante censurada del libro de James Jones. Las referencias explícitas a prácticas homosexuales, enfermedades venéreas, prostitución y violencia que aparecen en su obra, jamás se ven como tal en el filme. 

Irónicamente esto fue lo que permitió su éxito masivo. Si la película hubiera sido concebida como una calca del libro, las estrictas reglas de la época hubieran sepultado por siempre el resultado. Por lo tanto, habrá qué agradecer a la censura por una vez por el nacimiento de esta obra suprema cinematográfica.

From Here to Eternity brilla en el tiempo como una película que nos regala a un magnífico Sinatra añadiendo un cierto toque de comedia y ligereza al drama que sucede en esas 2 horas, así como a tantos grandes que incluyen también a Ernest Borgnine y a Philip Ober. Deborah Kerr, Lancaster y Clift, por su parte, son ya inmortales. Decir que fueron y seguirán siendo maestros de la actuación es incluso redundante. 




Sin embargo, hubiera sido genial que el formato original del filme fuera en Cinemascope, pero nada es perfecto ¿cierto?

En el vasto universo cinematográfico se encuentra un filme que cimbra al observar a un Prewitt interpretar su propia versión de Taps al despedir a su amigo, como un sonoro y doloroso lamento al amanecer. Al mismo tiempo, erotiza y emociona con una secuencia inolvidable entre Lancaster y Deborah Kerr. Quizás nunca más en la historia del cine, una playa ha sido testigo de tal ardor retratado con tan buen gusto y con tan prístina fotografía.

De alguna manera, Zinnemann nos recordó que ambas emociones, deseo y tristeza, son solo dos distintos destellos de eternidad en una misma historia.



From Here to Eternity

From Here to Eternity
Estados Unidos, 1953
Columbia Pictures
Dirigida por Frank Zinnemann
Basada en el libro de James Jones
Producida por Buddy Adler
Guión de: Daniel Taradash
Protagonizada por: Deborah Kerr, Burt Lancaster, Montgomery Clift, Frank Sinatra, Donna Reed, Philip Ober, Ernest Borgnine
Música de George Duning
Fotografía de Burnett Guffe

17 feb. 2019

The Haunting of Hill House [2018]: Netflix y su más grande éxito

31 oct. 2018








Nota: esta reseña contiene la menor cantidad de spoilers posible.

La reciente adaptación de Netflix de la novela de Shirley Jackson escrita en 1959, es su más grande éxito de crítica del 2018. Sin embargo, no siempre se puede confiar en los críticos. Es el público el que debe elaborar sus propias conclusiones al apreciar una obra artística y decidir con qué se queda, qué desecha y qué es lo que pasará a la inmortalidad en el gusto colectivo de la audiencia.

Afortunadamente, las excelentes reseñas realizadas a The Haunting of Hill House han acertado en esta ocasión. Una serie tan pulcra como oscura al mismo tiempo, ha hecho honor a la intención de su autora. Y quizás el principal reto del espectador, especialmente para aquellos que aún no leen el libro, será no esperar una serie de terror tipo Scream, o cualquier otro título moderno del género basado en horror gráfico e hiper-violencia. 

¿Qué ofrece la versión adaptada para televisión, entonces?

Una familia… casi como cualquiera otra

La historia de la familia Crain viviendo temporalmente en Hill House, mientras diseñan la casa de sus sueños, pretende acercar al espectador a una dimensión con múltiples matices. Por una parte, la posibilidad de vivir realmente en un lugar hechizado, donde las leyes naturales pasan a segundo término. Por otra, el hecho que algunos de sus habitantes, en este caso los pequeños Crain, poseen cualidades paranormales desde siempre. Finalmente, la combinación de todo ello es lo tiñe de interesante esta historia.

La familia, compuesta por 2 hermanos, tres hermanas y sus padres Olivia (Carla Gugino) y Hugh (Henry Thomas), observa a diario cómo sus vidas transcurren, mientras los sucesos fuera de lo común son cada vez más frecuentes. Es justamente Olivia la principal receptora de toda la oscuridad que la casa emana.

Carla Gugino Haunting of Hill House
Carla Gugino realiza un impecable trabajo como 'Olivia Crain'.

Mike Flanagan y su particular visión de la novela de Shirley Jackson

Dos nombres en especial se consagrarán gracias a The Haunting of Hill House: una es Carla Gugino, quien luego de años de demostrar que su perfecto físico era poca cosa comparada con su talento, realiza el mejor trabajo de su vida como la perturbadora y mística Olivia Crain. El otro es Mike Flanagan. Nada de lo que había dirigido antes arrojaba indicios sobre su enorme talento creativo, el cual ha quedado demostrado con creces gracias a esta obra.

Flanagan creó una atmósfera que atrapa y angustia, pero no atemoriza de la manera como lo harían otros clásicos del terror. Existe una constante necesidad de entender a los personajes, amarlos e incluso protegerlos. El hecho que cinco de ellos sean niños, facilita este proceso. En medio del suspenso, hay inocencia de sobra y en verdad lo agradecemos.

Es aquí donde la dirección de Mike Flanagan llega a un punto óptimo. El texto de terror pasa a un segundo plano y revela un aspecto que es bastante obvio para cualquier buen observador: The Haunting of Hill House es tan solo una metáfora acerca de todo evento traumático acontecido en la infancia y cómo cada uno de ellos tiene el poder de frenar la sana evolución de cualquier ser humano, truncando sueños y esperanzas.

Haunting of Hill House Familia Crain
 "The Haunting of Hill House" es ya el más grande éxito de Netflix del 2018.


Así, los mitos acerca de los gatos negros, las historias de “brujas y apariciones” que nos contaban en nuestra infancia, no son diferentes a los fantasmas de Hill House. La maldición que rodea a esta mansión es capaz de engullir toda pureza. De esta manera, congela la sangre observar a un pequeño Luke (Julian Hilliard) huir desesperadamente de sus demonios, representados en este caso por un deforme y enorme hombre con sombrero. 

Luke y la pequeña Nell (Violet McGraw), especialmente conquistan la atención y el corazón de la audiencia. Todo ser humano con un pasado difícil, puede identificarse fácilmente con un par de niños tratando de aceptar la dura realidad de su existencia, sin comprender siquiera lo que ocurre.

Mike Flanagan supo exactamente cómo conectar estos personajes con la psique de la audiencia. No tuvo necesidad siquiera de ser paternalista en exceso, pero su egregia dirección y creación lograron mostrar a cada uno de los personajes en un segundo plano, alejados del horror barato sin sentido que caracteriza a este tipo de obras, para exhibir sus emociones, deseos y anhelos como parte de aquello que se pierde entre las ruinas de esta tétrica mansión en la colina. 

Tal vez su más grande acierto como mente creativa, sea lograr que ames lo que ves en pantalla de manera incluso obsesiva, en lugar de huir y esconderte entre tus sábanas  para sufrir un par de pesadillas.

Luke Crain The Haunting of Hill House
Oliver Jackson-Cohen y Julian Hilliard dan vida al inolvidable 'Luke Crain'. 


La forma cruda en la que los personajes en su etapa adulta son exhibidos ante los ojos del público, hace que nos olvidemos por un momento del tono terrorífico de la historia, para verlos tal cual son: seres humanos recolectando sus piezas dispersas por todos lados, para sobrevivir un solo día más, aunque esto cimbre al público de maneras inesperadas. Una de ellas es la manera en la que el nexo fraternal de unos con los otros se fortalece conforme transcurre la historia.

Por supuesto, hay una fuerte dosis de realidad en medio del horror. Una de esas ocasiones es la triste noche en la que Steven (Michiel Huisman) intenta regalarle unas cuantas horas más de pútrido vicio a su hermano Luke (Oliver Jackson-Cohen) a cambio de su iPad recién robado. En ese instante, todo lo vivido en su pasado regresa para escupirles el rechazo que la vida siente por ellos, justo en el rostro. Por fortuna, el capítulo final ofrece una alternativa ante ello.

“Maldición” y “redención” son palabras que riman en esta serie

Probablemente la secuencia más perfecta de la serie, la que origina de hecho la parte central de la trama adulta, es el regreso de Nell a Hill House. La sobreposición de ambos planos en esa escena, lo que la chica imagina y lo que en realidad está sucediendo, resumen el espíritu de la serie. 

Dicha secuencia, además de brillar por su genialidad, es un excelente paliativo para todos aquellos que nos enamoramos de los personajes y esperábamos que, al menos por un momento, pudieran experimentar  redención en sus vidas. 

The Haunting of Hill House Nell Crain
Victoria Pedretti realiza una magnífica actuación como 'Nell Crain'. 


Por ello, el temor desaparece y su lugar es tomado por el perdón y el gozo que Nell siente en ese momento, al ser bienvenida a casa de nuevo por todos aquellos que la han amado y aprovechan la oportunidad para manifestar que pudieron hacerlo mejor. 

Pero el pasado ya no importa entonces: ahora, ella puede bailar para siempre con Arthur (Jordane Christie). Y es fascinante atestiguar cómo una creencia puede convencernos que aquello que sucede es real, aunque tristemente en este caso, esto tenga un matiz de locura… y de tragedia.



Una obra de arte en 10 capítulos

Las muchas formas en las que Netflix acertó con The Haunting of Hill House, nos hacen pensar que cada uno de sus productos debería tener todas estas cualidades. Esto incluye no solo una banda sonora exquisita y cinematografía impecable, sino también un ejército de actores entregados a su disciplina.  Si las entregas de premios en el 2019 son justas, seguramente brillarán al recibirlos, aunque eso realmente no importa tanto como la aceptación del público.

Definitivamente, hablamos de una pequeña obra de arte en 10 episodios que atemoriza, conmueve y hace soñar, aunque suene bizarro. Tal vez mezclar poesía con horror sea la receta para realmente erizar la piel, tal como lo hace Horace Dudley (Robert Longstreet) al relatarle a Henry la manera como su madre se contagió de la locura de Hill House décadas atrás. En sus propias palabras, “vagaba descalza por el bosque, hablando en voz baja, como cuando se le habla a un enamorado. Estaba totalmente fragmentada”.



El personaje de la madre de Horace puede haber estado fragmentado, pero esta serie de alguna manera hace que armemos nuestro propio rompecabezas, sin importar si faltan un par de piezas y le demos una oportunidad al presente y al futuro, para borrar cualquier pasado lacerante. 

Stephen King definió este esfuerzo como “lo más cerca posible al trabajo de un genio”. Como muchas otras veces, el autor favorito de la oscuridad ha acertado en definitiva.

Octubre 31, 2018.
























The Haunting of Hill House
Estados Unidos, 2018,
Producida y distribuida por Netflix.
Productores ejecutivos: Mike Flanagan, Trevor Macy, Darryl Frank
Justin Falvey, Meredith Averill.
Compañías: FlanaganFilm, Amblin Television, Paramount Television.
Creada y dirigida por Mike Flanagan.
Escritores adicionales: Meredith Averill, Jeff Howard, Charise Castro Smith, Rebecca Klingel, Scott Kosar, Elizabeth Ann Phan.
Basada en el libro de Shirley Jackson
Actuaciones de: Michiel Huisman, Carla Gugino, Henry Thomas, Elizabeth Reaser, Oliver Jackson-Cohen, Kate Siegel, Victoria Pedretti, Lulu Wilson, Mckenna Grace, Paxton Singleton, Julian Hilliard, Violet McGraw, Timothy Hutton, Robert Longstreet, Anabeth Gish.
Música de "The Newton Brothers".

31 oct. 2018

Denver y Moscú: un padre e hijo atrapados en una Casa de Papel

17 jun. 2018












"La Casa de Papel”, el esfuerzo más notable de Atresmedia en los últimos años, ha fascinado al mundo entero y con justa razón. La historia de varios atracadores con rehenes de por medio, asaltando la Casa de la Moneda en Madrid, es una paradoja con fuertes tintes poéticos, humor, deseo y también amor y amistad de sobra. 

A lo largo de esta montaña rusa de emociones, la historia entre Denver (Jaime Lorente) y Moscú (Paco Tous), hijo y padre respectivamente, captó la atención de los televidentes de todo el planeta. De repente, en medio de la acción y las ráfagas, los reproches y maldiciones al descubrir el joven que su progenitor abandonó a la madre en una casa de asistencia mental, es el dramático episodio previo a una de las secuencias más memorables de las dos temporadas de esta teleserie.

Luego que Moscú, es decir, Agustín Ramos es alcanzado por las balas de la policía federal durante el espectacular intento de Tokio (Ursula Corberó) por regresar al lugar de los hechos, el moribundo caballero sabe que no le quedan muchas horas de vida.

Cursi para algunos, entrañable para muchos otros, Álex Pina reconcilia a padre e hijo con un breve diálogo que resume aquello que sentimos por quienes ocupan nuestra mente y corazón la mayor parte del tiempo.

“Papá... a mí no se me da odiarte”, son las palabras de Daniel Ramos, “Denver”, justo antes que el hombre al que ha admirado y amado toda su corta vida exhala un último suspiro, ante la mirada desconsolada de sus compañeros de atraco.



Moscú muere en paz. Gracias al delirio agonizante en el que confunde a Tokio con su maltrecha esposa, logra también ese perdón simbólico por parte de la joven, quien momentáneamente toma el lugar de la desaparecida mujer al comprender lo que sucedía. Luego, su hijo cierra también el círculo. Todo está consumado.

La irónica moraleja, con un tinte de humor pero crudo realismo es sencilla: aun si tu padre es un delincuente atracador buscado por la policía y con precio en su cabeza, el amor que sientes por él puede ser más fuerte que todo ello. 

Paco Tous, en el momento cumbre de su actuación como "Moscú".


Y como muestra están Moscú y Denver, cuyo amor tiñe de luz las sórdidas paredes de la Casa de Papel donde se encuentran atrapados voluntariamente por unos cuantos días. El destino decidió que uno de ellos abandonara ese exilio en una caja de madera.

Definitivamente, el cariño verdadero puede ser más valioso que mil millones de euros.

Junio 16, 2018. Día del Padre en territorio mexicano.




17 jun. 2018

[Videos] 5 cosas que aprendí viendo las movies de Jason Statham

31 mar. 2018

31/03/2018

Jason Statham ha encantado a sus fans por años en sus múltiples películas de acción. Obviamente ninguna de ellas ha ganado Óscar alguno, pero han arrasado en taquilla, por otra parte. El atlético caballero tiene fans de ambos sexos por igual, quienes aman verlo ejecutando complicados movimientos de artes marciales, mientras pelea con decenas de maleantes dispuestos a arrebatarle a su chica, o simplemente pretendiendo acabar con su preciada vida.

Observando algunas de las escenas más estrambóticas de sus múltiples filmes, aquí está la lista de las 5 cosas que he aprendido de cada uno de ellos. En verdad, ¡vale la pena descubrirlas! Incluso para reír un rato.


1. No importa cuántos enemigos tengas, puedes vencerlos a todos, ¡a mano limpia!


Bueno, no tan sencillo como parece. Sólo vean esta exagerada secuencia de Transporter 3 donde le brinda su merecido a todos estos ingenuos y además se luce delante de su atractiva coprotagonista  (Natalia Rudakova, "Valentina").



2. No sólo Superman es resistente a las balas

Jason es capaz de esquivar todo tipo de municiones que pasan rozando sus axilas, oídos, rostro, piernas y hasta entre los dedos de sus pies. Si no lo creen, sólo observen esta secuencia fenomenal de Transporter 2 en donde una simple puerta de madera es suficiente para librarlo de las garras de la muerte, al enfrentarse a la nada amable Lola, interpretada por la actriz Kate Nauta.



3. Puede bailar y pelear al mismo tiempo al ritmo de muy buena música urbana

Okay, no exactamente "bailar", pero eso es lo que parece por momentos al ejecutar sus complicadas rutinas de artes marciales, perfectamente coreografiadas para que luzcan muy disfrutables en la pantalla. Por favor, sólo basta apreciar esta divertida secuencia, excelentemente musicalizada con el tema "Fighting Man" a cargo de D. J. Pone y Drixxxe.


4. No importa qué tan ocupado esté, siempre tiene tiempo para atender a su romance en turno

Tal como queda demostrado en esta escena con la hermosa actriz asiática Shu Qi, de la película Transporter [2002].



5. Finalmente... es uno de los grandes héroes de acción del cine de todos los tiempos

Sin afán de exagerar, Jason Statham es uno de los iconos de los filmes de acción más grandes que existen, además de ser una inspiración en el mundo del fitness para millones de hombres alrededor del planeta. ¿Qué mejor modelo de gallardía y virilidad existe que este? 

Las comparaciones son odiosas, pero lo considero al mismo nivel de Arnold, Sylvester, Bruce Willis y tantos otros action heroes. Por eso y más, es excelente disfrutar de cualquiera de sus películas... ¡Que viva el pelón, por siempre!



Jason Statham en toda su gloria.


31 mar. 2018