San Junipero [Black Mirror 3x04, 2016]

30 abr. 2017




30/Abr/2017

Advertencia: este análisis contiene spoilers a diestra y siniestra.

Black Mirror, creada por Charlie Brooker y originalmente transmitida por Channel 4 de Inglaterra, surgió como respuesta a la digitalización sin sentido de una sociedad perdida en gadgets y tecnología. Las duras críticas a una generación de hambrientos consumidores de datos y adictos a las redes, consiguieron un gran éxito de crítica durante la primera (2011) y segunda temporada (2013).

Cuando Netflix adquirió los derechos para producir la tercera temporada, era predecible el tono que ésta tendría. No obstante, en medio del mar de desesperanza y desamor desplegado por la mayoría de los capítulos estrenados en octubre 2016, sobresalió uno en particular: San Junipero, dirigido por Owen Harris.


Probablemente sea necesario ver este episodio más de dos veces para comprenderlo del todo, pero eso no será tiempo perdido. El cuarto episodio de la tercera temporada de Black Mirror agradará a muchos y ofenderá a otros tantos. Que así sea, ya que ahora quedará en los archivos de la cultura pop como otro logro artístico a favor de la igualdad… Pero ¿no está muy manoseado ya este término? ¿Qué tal sólo referirse a ello como auténtico amor?

La historia: es necesario entenderla

La historia versa sobre Kelly (Gugu Mbatha-Raw) y Yorkie (Mackenzie Davis), quienes se conocen un programa de realidad virtual llamado San Junipero. Corre el año de 1987 y se le presentan a la audiencia elementos que más tarde unirán para comprender el porqué de la trama. 

Estas jóvenes se enamoran, pero al parecer la barrera del tiempo y las decisiones personales se interponen entre ellas. Y al decir “tiempo”, hablamos literalmente: el año es sólo un sector de información del vanguardista software, ya que el calendario en tiempo real se ubica en la década de los 2040. 


Gugu Mbatha-Raw yh Mackenzie Davis en "San Junipero"
 
Kelly y Yorkie inician un romance, pero la primera no desea establecer ningún compromiso. Yorkie por el contrario, desea vivir intensamente aquello que jamás ha experimentado: el contacto físico con otra mujer (ella lleva 40 años postrada a una cama luego de quedar tetrapléjica por un accidente de auto), intimidad, cariño y protección. 

Sin embargo Yorkie se niega a dejar ir el amor que ya ha conocido. Así que rindiendo tributo a las locuras de las cuales Plutarco hablaba al referirse al amor y corroborando las inmortales palabras de Bertrand Russell, decide arriesgar todo y le demuestra a Kelly que su sentimiento va más allá de mera atracción física. 

Incluso regresa semana tras semana a través de la realidad virtual del sistema, y la busca en diferentes años, tal como debería todo mundo ir tras las ilusiones o sueños perdidos, no importa el lugar, no importa la edad, no importa el momento. No importa siquiera que dure unos cuantos segundos.





Cuando se reencuentran, surgen las confesiones: Kelly está a punto de morir (aparentemente de cáncer) y se niega a quedarse para siempre en San Junipero, ya que su esposo recién fallecido se negó a ingresar al programa. De vuelta al presente, Kelly y Yorkie (interpretadas en esta etapa por Denise Burse y Annabel Davis) finalmente se conocen realmente, de Nevada hasta California. Greg (Raymond McAnally),  el simpático y amable enfermero del lugar donde Yorkie está internada y con quien contraerá matrimonio, platica con Kelly y le explica el motivo de las nupcias.

En el programa, mezcla de tecnología en la nube y realidad aumentada, se le denomina “tránsito” a lo que hoy en día se conoce como eutanasia. De tal forma que, previa cita en San Junípero, Kelly le pide matrimonio a la ojiazul chica y la ceremonia se lleva a cabo poco antes de desconectar por siempre a Yorkie del mundo físico, algunas veces cruel y lleno de dolores y desavenencias. 

Nuevamente a través del programa, el yo virtual de Yorkie se encuentra con Kelly y más dolorosos recuerdos emergen a la superficie, como el hecho que la hija que trajo al mundo con su esposo por medio siglo falleció a los 39 años. Ante tales circunstancias, la hermosa afroamericana no concibe una eternidad sin el hombre que de muchas formas amó y tampoco sin su primogénita. 

Finalmente el amor triunfa y Kelly decide realizar el tránsito e ingresar por siempre a San Junípero, donde se reencuentra con Yorkie al ritmo de Heaven is Place On Earth de Belinda Carlisle




San Junipero y sus elementos

El excelentemente recibido por la crítica cuarto episodio de la tercera temporada de Black Mirror no es del todo original. Vamos, es sólo un compendio metafórico de la forma cómo el misticismo religioso ha tratado de explicar el afterlife para que quienes decidan creerlo se sujeten a la última esperanza. Así, en este sistema tecnológico, hay cielo (la playa y los lugares más tranquilos), infierno (el club sadomasoquista Quagmire) y purgatorio (el club nocturno Tucker’s).

No obstante, la ecuación sórdida y gris a la que se ha reducido la religión en la actualidad (castigo o cielo) es hecha añicos en este magnífico episodio. La intención de Charlie Brooker es clara desde un principio: alejar al auditorio de la oscuridad de todos y cada uno de los episodios anteriores de las primeras dos temporadas y del resto de los de la tercera. Por supuesto, todos ellos son impresionantes y merecen un análisis individual.

Sin embargo, “Junipero” se apartó del resto ya por siempre, al coquetear con espiritualidad, amor y esperanza, no tanto para ganar popularidad con historias más sencillas, sino para lograr que el televidente se pregunte en dónde se encuentra parado actualmente. ¿Qué ha sucedido recientemente con su atención? Si nuestro paso por este planeta es tan sólo un despliegue de eternidad, ¿en dónde estamos sumergidos justo ahora? 



Para una gran mayoría se trata de otra realidad virtual, de otro matrix que ellos mismos han construido con base en problemas, deudas, sueños rotos y corazones heridos. Esa es la realidad que nuestro consciente y subconsciente nos han obligado a aceptar como propia.

Charlie Brooker: en el fondo es un optimista sin remedio y estamos agradecidos por ello

San Junipero derrite con su calidez lo que el mismo Brooker ha querido advertir en el resto de los episodios de Black Mirror: la tecnología está destruyendo el último vestigio de bondad que queda en cada ser humano, a la vez que lo distrae de lo principal. En este episodio el autor se rebela contra su propio mensaje de la forma más contundente y utópica posible. 

De repente, los robots que se aprecian en la impresionante secuencia donde se encargan de mantener vivas las conciencias de los inscritos en el programa (TCKR Systems), ya no son fríos pedazos de metal concebidos para desintegrar los cimientos de la sociedad moderna, sino elementos vitales en el proceso donde la tecnología en la nube y las ilusiones de millones de personas se unen para dar lugar a una realidad donde ya no duele vivir. Trascender el tiempo y el espacio es es, en el lenguaje de los poetas, la derrota última de todo materialismo.



El mensaje final es tan nerudiano como esperanzador: el amor ha vencido todo obstáculo. Irónicamente, de acuerdo con el autor, el más noble de los sentimientos requerirá de la más potente tecnología para eternizarse.
 

Lo sentimos mucho Bob Lind: por una sola vez, la mariposa no fue elusiva. Lo sentimos también Franz Kafka: por una ocasión, el hombre solitario ha decidido renunciar a la temida metamorfosis porque ha redescubierto su propia capacidad para transformar lo extinto en una creación casi perfecta.

El guión de San Junipero fue concebido originalmente como la historia de una pareja heterosexual. Habría entonces que agregar ese toque de rebeldía a la genialidad del episodio, pero llegará el día que amar a alguien no sea ya un acto anárquico. En 1987, año en el que comienza la historia, el matrimonio homosexual era aún visto como una lejana aberración. Al final de la historia es lo que siempre estuvo destinado a ser.



Netflix acierta una vez más

San Junipero encanta, por su impresionante producción, guión, fotografía, actuaciones (Mckenzie y Mbatha-Raw brillan en pantalla a cada instante) y musicalización. Seduce, porque es divertido. Enamora, porque brinda esperanza y hace olvidar los dolorosos titulares y la crueldad del mundo real para transportarnos a un paraíso virtual donde hay un espacio para todo aquel que quiera acceder a él. 

Charlie Brooker ha declarado que habría sido lamentable no incluir Heaven is a Place on Earth de Belinda Carlisle como tema final del episodio. Fue una elección perfecta: tal vez pocas canciones populares de los 80's podrían reflejar a la perfección en su letra el mensaje final de este episodio. Todos deseamos llegar ahí en algún momento. 



Si algún día la tecnología puede lograr que el paso de una dimensión a otra sea a un lugar donde eternamente se escuchen risas de niños jugando en las calles (citando la letra de este tema musical), las furia del mar golpeando las rocas al atardecer, o el sonido de la nostalgia transformado en canciones en una salida nocturna al Tucker’s, entonces habrá valido la pena la obsesión del ser humano por saber qué le aguarda al abandonar para siempre el mundo físico de los cinco sentidos.


San Junipero es más que televisión de primer nivel producida por Netflix: es un oasis metafísico capaz de dejar con una sonrisa en el rostro de quien lo vea ya sea una, dos o más veces. Durante esos 60 minutos, el paraíso es de hecho un lugar sobre la tierra.

San Junipero,
Black Mirror tercera temporada, capítulo 4
Inglaterra, 2016
Producido y distribuido por Netflix
Protagonizado por: Mackenzie Davis, Gugu Mbatha-Raw, Denise Burse, Raymond McAnally, Gavin Stenhouse, Annabel Davis, Billy Griffin Jr., Cheryl Anderson, Jackson Bews, Paul Lawrence Kitson, Jeff Mash.
Dirección: Owen Harris
Escrito por: Charlie Brooker
Música: Clint Mansell











 



30 abr. 2017