La Tumba de Las Luciérnagas [1988]

15 jul. 2016

Esta reseña está dedicada a cada niño fallecido, despojado de su vida en las recientes guerras y conflictos armados en Irak, Siria y Palestina.
 
La visión única y vanguardista de Isao Takahata dio lugar a La Tumba de Las Luciérnagas [1988] una película bélica animada basada en el libro del mismo nombre, de la autoría de Akiyuki Nosaka.

La historia de Seita, un adolescente japonés viviendo el drama de la Segunda Guerra Mundial al lado de su pequeña hermana Setsuko, ocupa un lugar preponderante en la cinematografía mundial como uno de los mejores filmes en contra de los conflictos armados que se hayan realizado. Pero definitivamente estos adjetivos no rinden honor al mensaje más potente que le entrega al público. 

Más allá de ser “anti – bélica” tiene una intención urgente de captar la atención de quien la ve para hacerle reflexionar sobre la brevedad de la existencia en esta tierra y lo importante de atesorar lo que realmente importa.

 ¿Cuál es el argumento? 

Algunos encontrarán más que chocante el hecho que la primera escena mostrada sea la muerte de Seita. Todo comienza por el trágico desenlace, y de esta forma aparece el espíritu de Setsuko acompañado de luciérnagas para reunirse de nuevo con su hermano.

Seita y Setsuko, los dos personajes centrales de "La Tumba de Las Luciérnagas" 
Este es el punto de partida para relatar el drama salpicado con breves instantes de dicha que ambos hermanos viven, luego que los bombardeos de las fuerzas enemigas en su natal Kobe destrozan su hogar (marzo 1945) y le arrebatan la vida de su madre. Ambos emigran a la casa de su tía y la vida de ambos se reduce básicamente a perder su lugar en la sociedad como seres merecedores de cariño, oportunidades y protección.

Decir esto es redundante en sí, ya que las guerras creadas e inventadas por el propio ser humano y su sed de conquistar territorios y destruir culturas ajenas nunca preguntan a los más vulnerables si están o no de acuerdo. 

Imagen del sitio "Bluray.com"
Posteriormente, la frialdad de su tía y su trato poco amable para con ellos (personaje que permanece sin nombre) es el elemento que representa la falta de humanidad que siempre ha caracterizado a parte de la sociedad. En este contexto, poco importa si la ayuda o el maltrato vienen de parte de un familiar o un completo desconocido. 

Las mágicas luciérnagas y el regalo de la naturaleza viva

La Tumba de Las Luciérnagas toma su nombre de una escena feliz entre los dos hermanos jugando en el campo de noche. De repente, miles de estos bellos insectos pululan en el aire y Seita insta a su hermana a atrapar una. Pareciera que cada una de esas luces fluorescentes representara las fugaces esperanzas y sueños de dos jovencitos atrapados en medio de una guerra sin sentido. En esos instantes no existe ni pasado ni futuro: sólo la más pura alegría de ambos al maravillarse ante semejante espectáculo de la naturaleza. 

El contraste entre esos instantes de perfecto amor entre el joven y su hermana y las brutales secuencias de combate y bombardeos ejemplifican el antes y después de todo país ultimado por los intereses políticos, no importa del que se trate: Japón, Siria, Palestina. Ir del cielo al infierno en segundos es consecuencia natural de pertenecer a cualquier pueblo señalado por el hambre y la derrota.

La película utiliza muchos flashbacks y escenas sobrepuestas para que el espectador entienda mejor el concepto. De repente Seita (Tsutomo Tatsumi) recuerda los mejores momentos vividos al lado de su madre, y son esos recuerdos los que lo libran momentáneamente del dolor y privación que vive en el momento presente. Eventualmente al mudarse de la casa de su tía a un refugio abandonado, son las luciérnagas quienes los proveen de luz en la noche.


La pequeña Setsuko

Setsuko (voz de Ayano Shiraishi) es la viva representación de la inocencia pisoteada por el mundo adulto. Es la pequeña que se niega a comer sopa de arroz tres veces al día, porque como todo niño desea también disfrutar de un postre cocinado por su madre. La ausencia de esos pequeños pero importantes detalles puede encender más de una conciencia al darse cuenta de todo aquello que damos por sentado día a día. 

La inolvidable Setsuko
Setsuko es quien sufre pesadillas y llora constantemente. Así mismo, es la fuerza que mantiene vivo a Seita y lo inspira a seguir adelante a pesar de las circunstancias. No existe un solo segundo sin que ella extrañe a su madre, y como si quisiera aferrarse a ese recuerdo por siempre, carga y abraza su muñeca a donde quiera que va.

Eventualmente Setsuko construye una tumba para las luciérnagas que han fallecido sin imaginar que su fin está próximo también: la niña enferma y fallece víctima de la desnutrición. Es su propio hermano quien incinera su cadáver sin poder comprender bien todo lo que estaba ocurriendo.


Setsuko, quien se preguntaba porqué las luciérnagas morían tan pronto, se convierte en otra estadística más de guerra. Para el espectador sin embargo, es uno de los más entrañables personajes que el mundo de la animación haya creado en las últimas décadas.


Grave of The Fireflies, 28 años después

Las críticas arrasadoramente buenas que este filme recibió son respaldadas por su legado a casi tres décadas de distancia. Los estudios Ghibli crearon una obra de arte que seguirá conmoviendo a las nuevas generaciones por mucho tiempo. Los rostros de los personajes se perciben tan reales, como real es la crueldad de las guerras que en pleno siglo XXI continúan cobrando víctimas inocentes.

Isao Takahata ha sido el primero en negar que su obra sea una simple película anti-guerra. Efectivamente, la intención es mucho más profunda: La Tumba De Las Luciérnagas es un homenaje a los todos los niños maltratados, violados, ultrajados por la sociedad y el sistema enviciado que ha tomado control de gran parte del planeta. 



Aun así, es imposible no notar el fuerte mensaje de protesta contra aquellos que se niegan a preservar a las nuevas generaciones,  aquellas que deberían ser protegidas por encima de toda política y creencia.

Sin embargo dicha protesta no se siente precisamente como un puño cerrado, sino como una mano que intenta estrechar el alma del espectador y lo invita a grabar todas y cada una de las imágenes en su mente para no repetir la historia. Tristemente, esto es algo que jamás entenderán las élites malditas que controlan el destino de este planeta. 


El llanto de Setsuko sigue escuchándose fuerte. Y es el mismo llanto de los niños masacrados en Palestina, víctimas de los conflictos guerrilleros en América Latina, o aquellos que hemos visto en incontables videos estallando en pedazos luego de un violento bombardeo en Siria, realizado por  aquellos que fabricaron con toda la intención esos conflictos en primer lugar. 

No existe infierno sin paraíso. Y las últimas escenas lo reflejan perfectamente. La risa de la niña que Seita cree escuchar es la misma que escuchamos de parte de nuestros seres queridos, sin importar qué tan larga ha sido su ausencia. 




Este el perfecto instante para ver esta impresionante obra cinematográfica de nuevo. En cualquier momento y en cualquier rincón, las esperanzas que hacen brillar los sueños en plena oscuridad son capaces de surgir una por una.

 
Julio 16, 2015

La Tumba de Las Luciérnagas (Grave of The Fireflies)
Japón, 1988
Dirigida por: Isao Takahata
Distribuida por: Toho
Producida por: Estudios Ghibli y Sinchosa
Basada en el libro del mismo nombre de Akiyuki Nosaka
Voces de: Tsutomo Tatsumi, Ayano Shiraishi, Yoshiko Shinohara y Akemi Yamaguchi
Fotografía: Nobuo Koyama
Música: Michio Mamiya
Edición: Takeshi Seyama

15 jul. 2016