Fight Club [1999]

18 abr. 2015


Abril 18, 2015

Humor negro, mensajes bastante interesantes, enorme carga sexual y grandes actuaciones definen la obra maestra de David Fincher, Fight Club. La novela de Chuck Palahniuk llegó a la pantalla grande en 1999 envuelta en controversia y con múltiples interpretaciones por parte del público y críticos.

No por casualidad la película no brilló en las grandes entregas de premios, pero es ese precisamente el punto: el filme es una crítica aguda y profunda al mundo materialista, frío y sin sentido en el que vivimos, o por lo menos vive una gran mayoría. Y los reconocimientos externos y las estatuillas forman parte de ese ecosistema artificial.

El punto de vista del narrador (Edward Norton) es expuesto mientras los personajes se van develando. Así conoce a Marla (Helena Bonham Carter) y más tarde a un enigmático personaje, Tyler Durden (Brad Pitt). Éste representa todo lo que él quisiera ser. Tyler encarna en sí mismo la vida que el narrador no se atreve a vivir y los sueños y pensamientos que rara vez quisiera expresar en voz alta.


El humor de Fight Club no está escrito para hacer reír a nadie. La ocasional carcajada del espectador sólo será resultado de ver la cruda realidad reflejada en pantalla: la soledad colectiva de la sociedad moderna traducida en vicios, traumas y obsesiones por asuntos que no valen la pena en lo más mínimo. 

Luego de acudir a grupos de ayuda para enfermos de diversos padecimientos con la esperanza de curar su insomnio, el narrador se involucra sexual y emocionalmente con Marla. Esta relación es el primer escalón para alcanzar la puerta de su libertad emocional, coartada por su trabajo de oficina en una compañía de automóviles. Sin embargo, el conocer a Tyler durante un vuelo representa el momento cuando su existencia cambia radicalmente.


Tyler ayuda al narrador a salir de su burbuja, pero no como lo haría un amigo en forma convencional. Lejos de palabras amables y autocomplacientes consejos, enfrenta al joven con su propia miseria, lo hace cuestionarse sobre sus convencionalismos sociales y vida insulsa y finalmente lo adentra a un mundo de violencia, hasta entonces desconocido para él. Todo esto se recrudece luego que Tyler se muda al departamento del narrador.

Tal violencia cobra vida en el escenario más bizarro que el joven empleado puede imaginar: el club de la pelea, un improvisado ring en el sótano de un bar en donde se dan cita hombres de diversas edades y condición física para luchar unos contra otros. El nivel de los golpes y la sangre derramada en esta sociedad secreta, simbolizan la frustración e ira resultantes de vivir en la total mediocridad. Tyler es la voz y el dirigente, por supuesto.



Constantemente, Tyler trata de despertar el pensamiento más profundo del narrador, una tarea que toma lugar a lo largo de la película. La idea de prestar más atención al mundo falso de la moda, celebridades y televisión queda despedazada en apenas una breve plática. 

El aguerrido y misterioso hombre rompe toda forma de convencionalismo social y exhibe lo trágico de la sociedad de consumo: la ropa costosa, la obsesión del hombre moderno para lucir como modelo de revista al invertir horas y horas de su tiempo en el gimnasio, cuando está alejado del objetivo principal del ejercicio físico (preservar y mejorar la salud) y por el contrario motivado únicamente por la vanidad y el deseo de llenar los estándares de belleza de una sociedad en decadencia. Y por supuesto, la tortura de vivir bajo la subordinación de un jefe por décadas. 

Todas esas cosas que convierten a los demás en esclavos y zombis no tienen la menor cabida en el universo personal de Durden.  Definitivamente, tampoco tendrían por qué tener cabida en la vida de nadie, en una sociedad con los pulmones suficientemente limpios para aspirar verdad en lugar de mentiras y manipulación.
 


Pero no es siempre limpieza emocional lo que Tyler pretende enseñarle a su discípulo: su cinismo y particular visión del sexo (el personaje lo lleva a la práctica de forma tan normal como comer o beber agua, ¿tal como debería ser, acaso?) son una parodia de la forma como la sociedad ha pasado de respetar su cuerpo y disfrutar del mismo, a la hipersexualización del ser humano en los medios de comunicación, profanando la inocencia de los más jóvenes y pequeños.

En efecto, cuando se forza al inocente a vivir rodeado de estímulos innecesarios a tan temprana edad, se sacrifica el propósito natural del disfrute sexual y comienza la veneración al Dios de la carnalidad tanto como se venera al dinero. De esta forma, lo que debería fluir orgánicamente se convierte en un espectáculo grotesco para entretener a las grandes masas, o en el menor de los casos, para esclavizar a millones de seres. La escena referente a los segundos de pornografía explícita en las películas para niños, ejemplifica este lastre perfectamente.




La historia esencial de Fight Club, la terrible violencia representada en el vetusto ring, refleja exactamente el status quo del mundo actual: la solución inmediata a los asuntos más importantes no parece ser el diálogo, sino el conflicto. Tyler es el líder que en apariencia incita al caos, pero en este contexto ese desorden tiene como objetivo liberar al otro yo (el narrador) de la existencia falaz que vive: su trabajo insoportable con un horario fijo y un jefe tiránico en una sociedad desechable de consumo, para comenzar. 




Tal como el personaje interpretado por Brad Pitt lo expone en la secuencia más importante de esta obra: para escapar de todo esto y reinventar el ser en todos los aspectos, es preciso comenzar desde lo más profundo. En sus propias palabras: No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida.

Mucho se dijo que la trama tiene una marcada carga homo-erótica, pero no parece ser el objetivo principal. En este sentido Fight Club es una celebración a la más cruda masculinidad, sin agregados de por medio. 


El eventual descubrimiento del narrador (Tyler nunca existió y fue sólo un desdoblamiento de su mente) resume el mensaje en unas cuantas palabras: la mente subconsciente guarda lo peor, pero también lo mejor de cada uno. Es cuestión de alimentar y regar el jardín donde se encuentran las semillas que germinarán en la realidad que quieres vivir, una que no debe perjudicar a nadie. 



Por el contrario, tal como Tyler violentamente obligaba a aquellos jóvenes a vivir la vida de sus sueños (con amenaza de por medio) y a despertar de su letargo, es entonces una labor obligada hacer lo mismo con nuestras existencias, aún cuando parezca que esta sociedad mediocre no lo permite. ¿Es necesario que alguien nos ponga un arma en la sien para entender esto?


Fight Club es un poema a la liberación personal y a la rebelión contra un sistema construido para crear robots sin voluntad y sin objetivos, adictos a la televisión y esclavos de la tecnología, aún sin comprender el enorme potencial de ésta y sus objetivos más nobles. Subyugados espectadores que bien podrían dar su vida por sus equipos de fútbol favoritos o estrellas de cine, sin darse cuenta siquiera que sus cuerpos y mentes están saturados de toxicidad y veneno. Irónico, ¿no es así?

Sin embargo, cada segundo que transcurre es una oportunidad invaluable para escapar del callejón sin salida y comenzar un cambio profundo y tal vez doloroso. Un cambio destinado a los valientes que elijan pensar y vivir, antes de comprar el producto de moda y embrutecerse con las mentiras que los medios masivos de comunicación inventan y relatan.

           

Algunos adictos a las teorías de conspiración y/o blogueros cristianos tacharon  la película de "otra basura más llena de símbolos illuminati destinados a desviar la atención del público del mensaje de salvación de Jesucristo". Bastante interesante, ya que la religión ha jugado un importante papel en la hipnotización colectiva de la sociedad moderna y la esencia del mensaje de la misma (amor incondicional) ha sido reemplazado por miedo, culpa, segregación y condenación. Así es: la manipulación religiosa es también parte del letargo global, y la situación actual del planeta es una cruel prueba de ello.
 

Esa es la peor ironía de todas.
 





Fight Club
Estados Unidos, 1999
20th Century Fox
Producida por Art Linson, Céan Chaffin, Ross Grayson Bell
Guión: Jim Uhls, basado en el libro de Chuck Palahniuk
Dirigida por David Fincher
Estelarizada por: Brad Pitt, Edward Norton, Helena Bonham Carter, Meat Loaf, Jared Leto
Música: The Dust Brothers
Fotografía: Jeff Cronenweth




 



18 abr. 2015