Life of Pi [2012]

26 mar. 2015


"Y entonces Richard Parker, aquel que me mantuvo vivo, desapareció para siempre de mi vida. Lloré como un niño, porque él me abandonó bruscamente y me rompió el corazón. Tengo que creer que había más en sus ojos que mi propio reflejo, lo sentí, aunque no pueda probarlo. Sé que es un tigre, pero hubiera querido decirle: gracias por salvar mi vida. Te amo.  Siempre estarás conmigo."

La principal cualidad de Ang Lee como director, probablemente sea hacer suya cada adaptación literaria de tal forma que pareciera él es el creador original del total de la obra. De esta forma, director y escritor (Yann Martel) se juntan en una perfecta alianza para dar lugar en esta ocasión a la extraordinaria película titulada Life of Pi.

Martel publicó su libro en el 2001. Tuvo que transcurrir más de una década para que sus personajes cobraran vida en un filme creado con tecnología 3D y también con una gran dosis de sentimiento y corazón. Pero lejos de caer en la afectación de este tipo de historias, lo visto en pantalla es poco menos que épico.

Piscine Molitor Patel (Irrfan Khan) narra su vida a Yann Martel, interpretado por Rafe Spall. La historia de su nombre es una de tantas peculiaridades y anécdotas fuera de lo común relativas a su vida: sus padres se lo adjudicaron como homenaje a una famosa piscina pública en Francia. Para evitar burlas y escarnio, él decide acortarlo. Así nace un personaje con vida propia: Pi (en alusión a la constante matemática). 

Luego de esta cómica explicación, la primera parte de la película muestra a un muy joven Pi (Ayush Tandon) explorando su espiritualidad por medio de preguntas, investigación e introspección. A tan temprana edad se conforma con las explicaciones místicas que sus mayores religiosos le brindan (“Dios se convirtió en humano para que pudiéramos entenderlo”, dice el sacerdote del pueblo, al que el niño acude para encontrar respuestas). Criado como hindú, se convierte también al Islam y al Catolicismo/Cristianismo.

Tal transformación no es del agrado de su padre Santosh (Adil  Hussain), quien es racionalista y pretende educar a sus hijos bajo la premisa de no aceptar ninguna creencia ciegamente sin antes cuestionarla. Pero Pi tiene otras ideas en mente y su conciencia le dicta rendir tributo a lo místico y abstracto. 

 
La familia del niño, la que también incluye a su hermosa madre Gita (Tabu) y a un hermano mayor, Ravi, interpretado por tres distintos actores en diferentes etapas (Ayan Khan, Mohamed Abbas y Vibish Sivakumar), posee un zoológico. La fascinación que Pi siente por los animales del mismo, representa una vocación natural en su persona. En más de un sentido, el joven hindú se convierte en el padre amoroso de todos y cada uno de ellos. 






A pesar de haber escrito un libro acerca de espiritualidad y misticismo, Yann Martel filtra también poderosos mensajes acerca de la brutalidad de la vida y naturaleza en su más cruel condición. El primero de ellos tiene lugar cuando Pi intenta alimentar -con rejas de por medio- a un imponente tigre de bengala llamado Richard Parker (cuyo nombre se debe a un error administrativo). 


Su padre llega justo a tiempo para evitar una tragedia, que en el menor de los casos podría haber dejado manco al niño. El señor entonces le da una cruel lección de vida a su hijo y ordena traer a una cabra, la cual  es asesinada y devorada por el felino.  Las creencias del niño contrastan con ese brutal acontecimiento, desprovisto de cualquier idea de “protección divina”. El curso de la naturaleza suele ser cruel y sangriento en algunas de sus manifestaciones y no necesita de ninguna otra explicación. 

Luego que el barco (Tsimtsum) donde se dirige junto a su familia para iniciar una nueva vida en Canadá naufraga debido a una tormenta, el joven  ahora de 16 años (Suraj Sharma) queda a la deriva en un bote salvavidas. De acuerdo con su relato, en el mismo se encuentran una hiena, un orangután (Orange Juice), una cebra y sorpresivamente, el tigre Richard Parker. Es aquí donde la historia se torna más fantasiosa, inverosímil e intrépida que nunca.

Uno de los grandes mensajes de Life of Pi es la relatividad de la verdad y la forma como ésta es utilizada para diversos fines. La versión que el espectador ve en pantalla está saturada de angustia, miedo, poesía, esperanza y también de una intensa belleza. Ang Lee se entrega al espectador como director para crear secuencias que penetran el alma de quien las aprecia y le hacen cuestionarse acerca de la vida, muerte y la forma como cada quien reaccionaría de encontrarse en una situación similar. 
 



El mismo joven que observa con infinita ternura la reacción de tristeza de Orange Juice al preguntarle dónde dejó a su pequeño, es el mismo que contempla con ojos desorbitados cómo la hiena asesina al indefenso orangután, luego de haber hecho lo mismo con la cebra. Estos violentos cambios de escenario lo obligan a pensar en su propia supervivencia de inmediato. Nuevamente, la naturaleza cobra sus víctimas y regresa a esos seres a su lugar original. Aún así, ellos son ya para siempre parte de la leyenda e historia de Pi, quien tiene que aprender a sobrevivir durante más de siete meses sólo en la compañía del tigre, luego que éste ultima a la hiena. 

Pi consigue domar al tigre, luego de un gran esfuerzo. En medio de su desesperación, se aferra a la esperanza de pisar tierra firme otra vez. Ang Lee pasa del humor a la contemplación fílmica: en un momento Pi expresa  su deseo de dominar a Richard Parker, para que la última comida de éste no sea un “escuálido joven hindú vegetariano de 16 años”. Pero más adelante, y con la ayuda del fotógrafo chileno Claudio Miranda, una escena de magnitud surrealista es creada para coronar este perfecto trabajo. 


En un mar en calma, Pi se encuentra agotado. Es de noche y Richard Parker está en la orilla del bote salvavidas y parece  contemplar las estrellas. De repente, el joven lo cuestiona: “Háblame…. Dime qué es lo que ves”. El majestuoso animal parece entenderlo, en un diálogo unilateral que rinde tributo a la raíz de la creación.



Si en la historia Richard Parker representa la conciencia de Pi, entonces es él mismo quién se pregunta todo esto. ¿Qué está pasando en ese justo momento? ¿Por qué llegué a este lugar? ¿Qué es lo que veo exactamente ahora? ¿Soy capaz de visualizar más allá de las apariencias para alterar mi realidad y por lo tanto mi vida en este tiempo y espacio? Estas preguntas se pierden en el fondo del mar, mientras el protagonista cree ver en su delirio a su familia y animales perdidos durante la tormenta. 

El sentido de eternidad de la secuencia recuerda al espectador que, no importa lo importantes o pequeños que seamos, no importa el dolor o la alegría que experimentemos, la única certeza que tenemos es que algún día también formaremos parte del todo absoluto, ya sea en lo alto de cualquier montaña, en tierra firme o quizás en el fondo del océano. 



Afortunadamente, la historia no concluye con ese mensaje. Life of Pi es también un himno al crecimiento personal y espiritual a través de la tragedia y los momentos más difíciles. El protagonista logra maravillas en su vida y se sobrepone a la pérdida, miedo y desesperanza experimentados cuando se encontraba a la deriva. 
 
Al ser rescatado en costas mexicanas, luego de una secuencia onírica que incluye una isla habitada por suricatos y plantas carnívoras, Pi se ve obligado a cambiar su versión de los hechos ante los agentes aseguradores del barco en el que viajaba. Obviamente, ninguno de ellos cree la historia de un joven sobreviviendo 227 días en el mar al lado de un tigre. Entonces él relata que fue su madre, el cocinero y un marinero budista quienes en realidad se encontraban con él, pero terminaron asesinándose unos a los otros. Aún cuando todo esto suena grotesco, es aceptado como verdadero por los agentes.


Yann Martel queda impactado luego de escuchar ambas historias. Finalmente, decide inclinarse por la primera, obedeciendo sus instintos de escritor. La idea transmitida al final del filme tiene bastante carga religiosa, nada recomendable para cualquier agnóstico o ateo militante: “una historia con Dios siempre es mejor”.  
 
El final feliz, con Pi presentando a Martel con su esposa e hijos, deja con un buen sabor de boca a la audiencia, pero tal vez sea demasiado convencional para un sector de la misma.  No obstante, lo convencional e incluso los lugares comunes pueden ser suficientemente encantadores. En ocasiones contribuyen a enriquecer la experiencia fílmica, una que puede cambiar y mejorar la vida de quien aprecia una película como esta. 

El lugar común en esta ocasión, tiene lugar durante la despedida de Pi y Richard Parker, apenas llegan a costas mexicanas. En medio de lágrimas, el caballero relata a Yann Martel la forma como el tigre, ya algo escuálido y débil, se pierde en medio de la selva sin  siquiera voltear a verlo. 

Esa despedida en silencio y el agradecimiento implícito en el corazón de Pi, simbolizan en gran medida el amor que sentimos por todos y cada uno de esos animales, algunos incluso sin nombre, que muchos de nosotros hemos alimentado. Los que se han ido, los que aún están. Los que ya pertenecen al infinito y los que vendrán. 


Tal vez no los recordemos a todos, pero con suficiente esperanza, algún día podremos reunirnos y disfrutar una vida perfecta, en otra dimensión. ¿No es eso acaso lo que todos deseamos en el fondo? Volver a experimentar el amor con los seres que más amamos. Y eso incluye no sólo a nuestra familia y amigos, sino a nuestros compañeros erróneamente llamados "no racionales". 

Aunque esta no haya sido la intención primordial del director y escritor, tal vez sea una magnífica manera de interpretar ese adiós plasmado gracias a la imaginación de Yann Martel y al talento de Ang Lee.
Aún así, el concepto va mucho más allá: esta fue la manera en la que el adolescente le dice también adiós a sus miedos y a sus más grandes batallas. El mejor homenaje para su amigo fue construir una vida digna, libre de odio, prejuicios y juicios innecesarios.

      

Life of Pi también tiene una lección que derrite algunos prejuicios ateístas, pero no necesariamente fortalece el dogma religioso: en un contexto muy puro, la fuerza que la fe otorga puede transformar una vida. Puede lograr que una persona rompa todas las paredes y dome a cualquier océano embravecido. 
 
 
Intelectualmente, es totalmente correcto negar todo aquello que no se percibe con los cinco sentidos. Pero es de verdaderos valientes escribir una historia creyendo en aquello que no se ve. 
 
Marzo 26, 2015
 
Life of Pi,
Estados Unidos, 2012
Fox 2000 Pictures
Producida por Gil Netter, Ang Lee y David Womark
Distribuida por 20th Century Fox
Basada en el libro de Yann Martel
Adaptación cinematográfica: David Magee
Dirigida por Ang Lee
Estelarizada por: Suraj Sharma, Rafe Spall, Tabu, Adil Hussain, Vibish Sivakumar y Gérard Depardiu
Música: Mychael Danna
Fotografía: Claudio Miranda




 

26 mar. 2015