The Whole Wide World [1996]

31 ene. 2015


Enero 31, 2015
 
-Bob, gracias por traerme aquí y gracias por decirme por qué mis historias eran malas
-De nada. Es sólo mi opinión y no tienes que escucharla
-Sería unta tonta si no escuchara al mejor escritor de Pulp en el mundo: Robert Howard
 
 

El director Dan Ireland creó una magnífica obra en 1996 basada en el libro One Who Walked Alone de Novalyne Price, con las actuaciones estelares de Vincent D’Onofrio y Renée Zellweger. La película cuenta la historia del legendario escritor Robert Howard desde la perspectiva de una mujer que lo amó por sobre todas las cosas. El producto final se titula The Whole Wide World y es sin duda una de las más grandes biografías cinematográficas de las últimas décadas. Un filme que se disfruta de principio a fin entre lágrimas y risas. 

Esta pieza de arte fílmica muestra en detalle la relación agridulce que Novalyne y Robert sostuvieron. Un romance fuera de lo ordinario marcó para siempre la vida del padre literario de Conan el Bárbaro, entre otros personajes. El carácter apasionado con un gran toque de locura es representado en pantalla por el camaleón humano, como algunos críticos acertadamente llaman a Vincent D’Onofrio. La secuencia de apertura muestra a un veinteañero Howard conociendo a Novalyne en el caluroso Texas de los años 20s: la primera mirada, la primera salida y las ilusiones inherentes a la maravilla del amor juvenil cambiarían para siempre la vida de ambos. 

The Whole Wide World muestra linealmente el desarrollo de esta amistad y los personajes y circunstancias que se atravesaron en el camino. La relación de Robert con su madre enferma y el complejo de Edipo implícito en la misma impiden que el amor de los protagonistas madure. En muchos sentidos, Novalyne Price siempre fue más madura que el objeto de su cariño. La visión simplista, realista pero a la vez sensata del mundo que ella tenía contrastaba completamente con el ardor de los sueños de Howard. Esos pensamientos y rebeldía adelantados a su época fueron el combustible para crear obras fuera de serie, pero eventualmente también cavaron su tumba. 

El estereotipo del genio incomprendido y fuera de sus cabales es representado a la perfección por D’Onofrio. De nada sirve el talento nato en un actor sin la sensibilidad suficiente para dejar que el personaje lo posea en cuerpo y alma. Y ya que este caballero posee ambas cualidades, la inyección de vida que bajo la dirección de Dan Ireland le da al mítico personaje, es simplemente impactante. Así vemos a un Robert Howard en ocasiones infantil, en otras completamente desconectado de la realidad y en algunas más tratando de auto-sabotearse al hablarle a ella de las bellas mujeres que ha conocido, o negándole la oportunidad de sostener una relación real y estable. 

El título del libro escrito por la profesora Price se deriva precisamente de esa idea: aquél que caminaba solo era una frase recurrente de Howard, quien afirmaba que en su sendero sólo debía existir una sola persona: él mismo. Vincent D’Onofrio hace reír y conmueve como sólo los grandes saben hacerlo. El niño gigante, el escritor súper dotado, el hijo noble y el neurótico rompedor de reglas sociales se reúnen en una estrujante interpretación que le valió el premio como Mejor Actor en el Festival Internacional de Seattle. 

Renée Zellweger por su parte está perfecta como Novalyne Price, la mujer que compartió algunos de los mejores momentos con el escritor. La galopante femineidad de la actriz revive el espíritu aguerrido de la maestra que jamás pensó en convertirse en escritora seria. Zellweger es el complemento ideal del protagonista masculino en esta película saturada de momentos entrañables.

Uno de ellos es la fantástica secuencia de los personajes protagónicos en lo alto de una montaña. La fotografía de Claudio Rocha y la música de Harry Gregson-Williams y Hans Zimmer crean la atmósfera para el momento más romántico del filme: un apasionado beso que por algunos segundos eterniza en la pantalla grande una historia de amor y tragedia que merecía ser contada en forma tan exquisita.
 
Hay muchos otros momentos sencillos, sutiles, pero poderosos. El excelente elenco de reparto incluye a la actriz Libbi Villari, quien interpreta a la madre de Novalyne. La experiencia de la dama insta a su hija a conservar la amistad de Robert, en un breve dialogo que nos recuerda que el cariño verdadero vale más que el orgullo momentáneo que todos experimentamos en alguna ocasión. 

Por su parte, el lento adiós de Robert Howard a su madre prepara el camino para la respectiva despedida que él y Novalyne tendrían. Ella decide marcharse para continuar su carrera, mientras él se niega vehementemente a cambiar con tal de complacerla, lo que tal vez habría dado lugar a un matrimonio bizarro y tortuoso. 

Pero arrojando los “hubiera” al latón de la basura, las últimas palabras que los protagonistas se dirigen uno al otro redondean el filme y lo transforman en algo que algunos críticos llamaron “simple película para mujeres” mientras que los más perspicaces le dieron el justo valor que merece. Los acontecimientos que llevaron a la caída total del escritor son obviados, aunque más tarde su padre (el actor Harve Presnell) los explica con dramática precisión.
 
La parte final de la película permanece fiel a los acontecimientos reales: con el paso de los meses la señora Howard enferma al grado de caer en coma. En medio de una reunión familiar donde todos prácticamente la velaban, Robert tomó una pistola y decidió quitarse la vida al enterarse que la autora de sus días jamás se recuperaría. Ella murió un día después y Novalyne fue avisada por medio de un telegrama.

The Whole Wide World concluye con recursos que en otro tipo de película parecerían cursis o pretenciosos, pero en esta obra sólo enfatizan el sentido de infinitud que el director imprimió a su trabajo. Más allá del dolor y la enorme herida en el alma de la joven por la muerte del amor de su vida, prevalece el agradecimiento por haberse conocido y la mística probabilidad de encontrarse de nuevo algún día. No hay romance fuerte y real sin poesía incluida, por supuesto.



Es esta una película de extraordinaria belleza que evoca sentimientos a veces olvidados y otras veces evitados: la posibilidad de encontrar al amor de tu vida y vivir en espíritu y verdad ese sentimiento que va mucho más allá del calor carnal, deseo y lujuria pasajeros es algo que fascina y atemoriza al mismo tiempo. El despliegue de eternidad mostrado al final del filme replantea la pregunta: ¿en verdad veremos de nuevo a aquellos que hemos perdido algún día?
 

Nadie lo sabe a ciencia cierta, obviamente. Pero al menos contamos con el séptimo arte, que puede soplar aire en los pulmones de todas y cada una de esas esperanzas y transformarlas en realidad en el momento que menos lo esperamos.

The Whole Wide World
USA, 1996
Sony Pictures Classics
Dirigida por: Dan Ireland
Producida por Dan Ireland, Vincent D'Onofrio, Carl Colpaert y Kevin Reidi
Basada en el libro One Who Walk Alone, escrito por Novalyne Price Ellis y Michael Scott Myers
Estelarizada por Vincent D'Onofrio, Renée Zellweger,  Libby Villari, Ann Wedgeworth y Harve Presnell
Fotografía: Claudio Rocha
Música: Hans Zimmer, Harry Gregson-Williams
 

31 ene. 2015