Monster [2003]

30 oct. 2014


"Todo lo que necesitas es amor y confiar en ti mismo... bonita idea, pero no funciona exactamente así. Aunque supongo que a los trece años es mejor escuchar una mentira que saber la verdad." -Aileen Wuornos-

Octubre 30, 2014 

Patty Jenkins posee la combinación exacta de sensibilidad, cerebro y talento como directora y narradora de historias. El proyecto más importante de su carrera tuvo lugar en el 2003 y se tituló Monster, una película basada en la vida de la llamada Damisela de la Muerte: la asesina serial Aileen Wuornos, ejecutada en el 2002 luego de ser acusada del asesinato de al menos seis hombres. 

La vida de Wuornos fue como sacada de una película, pero no una que alguien disfrutaría ver con su familia y amigos. Su sola existencia abre un amplio diálogo acerca del machismo, el continuo abuso infantil en todas partes del planeta, el sistema judicial misógino que existe y la misma existencia de ese ser que la religión organizada llama "Dios".

Abordemos este último punto: la teoría de que hay un Ser Omnipotente que existe, todo lo ve y cuida de sus hijos, quedaría en absoluta duda luego de conocer la historia de esta mujer nacida en Michigan (1956). Su vida marcada por el abuso sexual, la injusticia, el horror y la depravación en el más amplio sentido es mucho más de lo que la mayoría merecería soportar. 

En su película de casi 110 minutos de duración, Jenkins desgrana los acontecimientos que condujeron a la caída total de Wuornos, con las correspondientes licencias poéticas implícitas, y los necesarios cambios de nombre de algunos personajes. 

La historia muestra a una afligida Aileen (Charlize Theron) suplicando una señal divina para continuar con su vida. Ésta llega en forma de mujer: Selby Wall (Christina Ricci) es una joven lesbiana buscando aventuras y lidiando con una familia represiva de doble moral. 

Aileen se aferra a Selby como una tabla de salvación. Su cariño por ella poco tiene que ver en realidad con un deseo sexual de cualquier índole o con sus preferencias sexuales personales. En el fondo es un desesperado intento por probar que la vida puede, por una sola vez, ofrecerle felicidad legítima y un motivo para enderezar su camino. En este contexto las ‘estupideces’ clase medieras que los conformistas anhelan y los rebeldes detestan –una casa con un gran jardín, un perro y una pareja estable- serían para la vilipendiada mujer el sueño de toda una vida.

Ahora, Aileen tiene una ilusión que le sirve para proseguir. Aún así, continúa realizando lo único que sabe hacer (corrección: lo que el mundo y la sociedad le han hecho creer que es lo único que puede hacer) para sobrevivir y ganar dinero. De esta forma, se prostituye en las carreteras de Florida (lugar donde ahora reside) sin medir el peligro que implica vender la carne a hombres sin un minúsculo ápice de moral. 

Pero aquí el término “moral” no tiene absolutamente nada que ver con sexo o prostitución, sino con la cualidad de respetar la vida del otro y tratarlo como un ser humano y no como un objeto de tortura y humillación, algo a lo que la confundida Aileen está tristemente acostumbrada. 

Desafortunadamente para ella, los demonios de su pasado marcado por la violencia aparecen atraídos como metal al imán para escupirle de nuevo en la cara su propia condición y su escasa oportunidad de encontrar un lugar en este mundo. 

En una secuencia por demás bizarra y desgarradora, uno de sus clientes, Vincent (Lee Tergesen) la golpea y viola de forma por demás brutal. Posteriormente ella lo asesina y es esta la primera de muchas víctimas que ella ultima, como si con cada balazo quisiera desaparecer cada uno de sus recuerdos de infancia y juventud. En la vida real, cada hombre asesinado representó una sentencia de muerte. 

Luego de sobrevivir a este horror, Aileen y Selby deciden vivir juntas y hacer vida de pareja. Los sueños legítimos pero ingenuos de Wuornos contrastan violentamente con su realidad: en su mente sólo desea tener un hogar y ser feliz como cualquier otro ser humano, pero su alterada visión de las cosas le impide darse cuenta que se aproxima a una temprana auto inmolación. 

La búsqueda de un trabajo convencional y serio confronta a la mujer con un mundo que ella apenas conoce y los humillantes rechazos la empujan al mismo camino de siempre. Su incapacidad de mentir la mete en problemas de nuevo y el pestilente sistema policial le recuerda una vez más que para una prostituta sin estudios y preparación, no hay lugar en una conservadora e hipócrita sociedad que despedaza las ilusiones de aquél que no encaje en sus normas y reglas.

El desarrollo de los acontecimientos en la película conduce a la búsqueda de la asesina de diferentes hombres con su correspondiente captura y condena. Pero antes de llegar al desenlace, hay incontables elementos que convierten a esta película en uno de los mejores filmes independientes de la historia. 

El primero y más obvio de todos, es la actuación sin precedente de una muy hermosa Charlize Theron. Más que una simple representación de un personaje, es prácticamente un desdoblamiento físico y emocional que apenas unas cuantas luminarias -aún las más publicitadas- podrían llevar a cabo. La transformación física de la actriz para caracterizar al personaje recibió suficiente publicidad, pero la metamorfosis emocional por la que atraviesa es la que rompe todos los esquemas y enaltece el Séptimo Arte en su más salvaje expresión.

El compromiso artístico de Charlize y su impresionante ética de trabajo la llevaron a ganar merecidamente  los principales premios del 2004. En esta ocasión esos galardones cumplieron su cometido: lograr que más personas vean el filme y se entregaran por dos horas a esta desagradable y triste experiencia. Con suficiente esperanza, las preguntas aflorarán en sus mentes  y el precio emocional de responderlas es una tarea arriesgada, pero al mismo tiempo bastante compensatoria.



Patty Jenkins no juega a ser el abogado del diablo con esta historia, ya que en ningún momento  justifica o santifica a Wuornos. No obstante, su visión como directora y escritora la condujeron por el camino acertado y despojan su trabajo de toda superficialidad. 

Jenkins indaga, cuestiona y relata, pero también (tal como ella lo ha expresado) buscaba con afán que el público entrara por un momento en la mente y psique de Aileen y comprendiera los motivos que la llevaron a actuar de esta forma. Más allá de la lástima o repulsión que esto puede provocar, la compasión por un ser lastimado, brutalizado, golpeado y violado desde pequeño cambia por completo el escenario de la víctima y el victimario. 



El uso de dos clásicos de la música popular para dramatizar un par de escenas de amor (es momento de cambiar el paradigma y dejar de etiquetar a una escena como gay o lésbica) cala por completo en el subconsciente del espectador y contrasta el mensaje de esas canciones con la miseria y soledad de la protagonista: la primera vez que Aileen y Selby tienen algún tipo de contacto físico, las notas de Don’t Stop Believing de Journey suenan con gran energía, mientras que en su primera noche juntas, el éxito de Tommy James and The Shondells, Crimson and Clover (1968) subraya el momento erótico entre dos mujeres buscando complementarse una a la otra. La vulnerabilidad de Aileen  queda expuesta totalmente en estas secuencias.
 
 
Tal parece que todos los años de prostitución y el lodo en el que la joven es sumergida por su familia y la sociedad entera, no alcanzaron a dañar del todo a su niña interna. Su cruda inocencia aflora aún en los peores momentos y convierte a Monster en una experiencia aún más difícil de digerir. 

Charlize Theron cimbra al espectador al despedirse su personaje en una estación de autobuses de la única persona que en verdad amó en toda su vida y de igual forma al asesinar entre sollozos y lamentos a su última víctima, un desafortunado caballero que sólo pretendía ayudarla.  Su entrega demuestra lo grandiosa y perfecta que una actriz puede llegar a ser y en verdad no hay suficientes premios  para retribuir este esfuerzo. Los premios van y vienen y se entregan por cuestiones de mercadotecnia, pero las mejores actuaciones perduran por siempre.



Christina Ricci como la manipuladora Selby y un brillante Bruce Dern como Thomas, el único amigo sincero de Wuornos, están imponentes y justo en su punto. Los críticos que consideraron la actuación de Ricci como “floja” no comprendieron que esa era precisamente la intención: crear un personaje con un rostro de ingenuidad, quien jura amar a su infortunada pareja y sin embargo la empuja para prostituirse de nuevo. Finalmente  atestigua en su contra durante el juicio, ante el rostro lloroso de Aileen.


Monster no es sólo otra biografía fílmica, sino una cruda alegoría de la sociedad maldita en la que millones de seres humanos nacen y crecen sin mayor opción que sufrir todo tipo de vejaciones, sin siquiera comprender el por qué. El verdadero ‘monstruo’ no es una sola entidad, sino la suma de muchos factores: el abuso infantil, la falta de oportunidades, las falsas creencias personales aprendidas de los peores maestros, la misoginia y la brutalidad contra los desposeídos perpetrada por el sistema en todas y cada una de sus ramificaciones. No hay manumisión en un mundo así y no existe ni perdón ni alivio. 

El fantasma de Aileen Wuornos aún vaga por las oscuras y frías autopistas de Florida buscando redención y consuelo. Tal vez nunca lo encuentre, pero esta película es un excelente comienzo.

Monster, 2003
Estados Unidos
DEJ Productions
Media 8 Entertainment 
Distribuida por Columbia Pictures
Producida por: Charlize Theron, Mark Damon, Clark Peterson, Donald Kushner, Brad Wyman
Dirigida y escrita por Patty Jenkins
Actuaciones: Charlize Theron, Christina Ricci, Bruce Dern, Lee Tergesen, Annie Corley
Fotografía: Steven Bernstein
Música: BT

30 oct. 2014