Más Negro Que la Noche [1975]

29 oct. 2014


En la historia del cine mexicano no abundan los ejemplos de grandes realizaciones en el género de terror. Por fortuna para los espectadores, algunas de las pocas películas que trascendieron la prueba del tiempo son más que disfrutables y han llegado a ser objeto de culto. Una de ellas es Hasta el Viento Tiene Miedo (1968) de la autoría de Carlos Enrique Taboada, quien también la dirigió.

El talentoso escritor creó también el ahora clásico filme azteca de suspenso y horror conocido como Más Negro Que La Noche. La película fue estrenada en 1975, un año en el que el cine de este género a nivel mundial había sido ya conmocionado con la salida de The Exorcist, un par de años antes. Ya nada volvió a ser igual luego del estreno de este clásico y los cineastas tuvieron que esforzarse mucho más en su intento por perturbar a la audiencia.

La historia gira en torno a un hermoso felino de nombre Becker. Al morir su ama, la Tía Susana (interpretada por la nunca bien ponderada Tamara Garina), el gato se convierte en la condición legal para que la enorme mansión donde moraba con su dueña sea heredada a Ofelia (Claudia Islas). La atractiva joven, sobrina de la señora, tiene que prometer cuidarlo y hacerse cargo de él en todos los aspectos para que la casa se convierta en su propiedad.

Para suerte de Becker, Ofelia es de gran corazón y comprende intuitivamente que el gato sólo busca cariño, alimento y el calor que su dueña le prodigaba. Pero la prima y amigas de Ofelia no comparten su sentir: Aurora, Pilar y Marta (Susana Dosamantes, Helena Rojo y Lucía Méndez, respectivamente) detestan al animal y en cuanto se mudan a la casa le demuestran su rechazo abiertamente. 

La casa es lúgubre, tal como en toda película de misterio. El ama de llaves (Sofía, Alicia Palacios) es de semblante duro, pero conoce a la perfección el significado de la lealtad. De esta forma, el recuerdo de su patrona se refleja directamente en el cariño que siente por Becker, al que cuida tal como si fuera un niño pequeño.

Un día el gato es encontrado muerto y Pilar Aurora y Marta le platican una historia convincente a Ofelia. De acuerdo a ellas, lo dejaron encerrado por error en el sótano y la falta de alimento y el calor lo mataron. Sin embargo, la verdad era otra, ya que ellas tres lo asesinaron a golpes en venganza por haber matado al canario de Aurora

Carlos Enrique Taboada poseía un estilo elegante para narrar sus historias, a pesar de que éstas no siempre ocasionaran el miedo que en teoría deberían provocar. En este caso, los clichés del cine de suspenso están presentes, especialmente cuando la Tía Susana regresa para vengar la muerte de su amada mascota: los largos silencios, los apagones de luz, los pasos de ultratumba y demás triquiñuelas que a las nuevas generaciones divertirán, en lugar de provocarles angustia.

Esto no significa que el filme no sea disfrutable, por el contrario. La música, ambientación y bien logradas actuaciones lo convierten en la película mexicana perfecta para disfrutar una noche con los amigos y familia que gusten del cine de terror. A pesar de las ocasionales fallas de edición, Más Negro Que La Noche cumple con su cometido de forma bastante peculiar.

Conforme transcurre la película, la Tía Susana mata a las tres mujeres, una por una. Especialmente espectacular es la escena donde acaba con la vida del personaje de una muy guapa Lucía Méndez (se extrañan esos tiempos). El maullido final de Becker, escalofriante y crudo remata la cruel escena y puede erizar la piel de alguno que otro ingenuo espectador.

Desde otra perspectiva, Más Negro Que La Noche es una historia con moraleja acerca del maltrato animal. Tal vez ni el mismo escritor imaginó que este tema tendría tal importancia (por fortuna) en pleno siglo XXI. El hecho que alguien regrese a vengar la muerte de su mascota no es algo que se vea frecuentemente en una película e incluso puede sonar hasta cierto punto ridículo.

Es inusual que un filme que debe aterrorizar logre que algunos espectadores reflexionen en este asunto. Pero si la sensibilidad es más fuerte que el miedo, las imágenes de Becker sentado afuera en la ventana (luego de haber sido asesinado) no son exactamente de horror, sino de una total y perfecta belleza. 

Tal vez las historias de fantasmas vagando por la eternidad que nos contaban de niños tengan algo de cierto. ¿Quién lo sabe a ciencia cierta? Entonces más de uno se quedará con la imagen de Becker maullando lastimeramente, como buscando el cariño que tanto extraña y lamentando por su vida que le fue arrebatada a golpes. 


Tal presencia fantasmal debería ocasionar compasión y ternura en lugar de miedo. Y el término "ternura" aplicado a esta película es una muestra de las múltiples lecturas que el cine ofrece. Aún cuando el filme en cuestión sólo posea otra capa bajo la superficie, siempre será interesante analizarla e interpretarla.

Esta película no cuenta con los grandes efectos de las producciones norteamericanas, incluso las de aquella época. Pero es una muestra contundente y elegante que el cine de terror puede agradar a la audiencia sin exagerar en lo grotesco o sin arrojar en la cara del espectador sangre, vísceras y pedazos de cuerpos humanos indiscriminadamente.

Como reflexión final, ¿alguien aún cree que los gatos negros son causantes de mala suerte? Dejarse engañar por estos mitos y supersticiones, o relacionar a estos bellos animales con satanismo es una total necedad. 

Eso es una burda mentira, pero el amor y cariño que brindan es real y efectivamente puede durar una eternidad… y aún más allá.

Octubre 29, 2014


Más Negro Que la Noche, 1975
México,
Distribuida por CONACINE
Producida por: Alberto A. Ferrer
Escrita y dirigida por Carlos Alberto Taboada
Actores: Claudia Islas, Susana Dosamantes, Lucía Méndez, Tamara Garina, Helena Rojo, Julián Pastor, Alicia Palacios, Pedro Armendáriz Jr. 
Música: Raúl Lavista




 

 

29 oct. 2014