The Way Home [2002]

15 jul. 2014



Julio 15, 2014

Las grandes producciones cinematográficas en ocasiones distraen al público de la intención original de una obra, la cual puede ser hacer pensar, reflexionar o formularse preguntas. En el caso de The Way Home, el más grande éxito de la directora Surcoreana Lee Jeong-hyang, el objetivo es relatar en 90 minutos una historia con la que muchos pueden identificarse en más de un sentido. La película está desprovista de grandes elementos técnicos y sofisticación fílmica, pero a la vez le sobra emoción y sentimiento.

Sang-woo es el nombre del malcriado niño que pasa un verano entero con su abuela, de quien no se menciona nombre en la película. Fuera etiquetas de cualquier modo, que aquí lo importante son los pequeños detalles. 

El pequeño Sang-woo, cuya madre lo deja al cuidado de la anciana en pos de un nuevo trabajo, no siente aprecio alguno por la señora. Ella, además de ser muda e ignorante de muchas cosas intelectualmente hablando, tiene que caminar encorvada debido a una enfermedad ósea. Nada de esto importa al citadino chiquillo, quien la convierte en su sirvienta prácticamente. De esta forma la abuela, quien tiene que trabajar duro para ganar unas cuantas monedas al día vendiendo lo que siembra y cosecha, lo trata de complacer en todo aquello que él pide, aunque sus intenciones no sean bien recibidas.


Poco a poco, el amor irresistible de la singular señora va conquistando el alma del niño. En un diálogo sin palabras, la vida sencilla de la rústica villa donde ella vive le hace pensar por vez primera en su vida que los momentos más absorbentes no requieren siempre de palacios, ni joyas ni costosos video juegos a los que él está tan acostumbrado. El enfrentar lo más perfecto de la creación y percatarse de lo valioso de la vida está siempre al alcance de nuestra mano, aún en un día lluvioso y en la más humilde choza en lo alto de una montaña: Este es literalmente el escenario de la película.
 
Sang-woo aprende también de la humildad de corazón y gran carácter de un pre-adolescente vecino de su abuela, Cheil-e quien le enseña a no disculparse dos veces por el mismo error. Tal es la sencillez y filosofía de la gente del campo, entre quienes se encuentra una simpática niña, la cual se convierte en el interés sentimental del rebelde niño.

La directora Lee Jeong-hyang narra de forma muy llana y simple la historia, sin ninguna extravagancia añadida. No obstante, su visión puede ser calificada de cualquier forma excepto de superficial. De esta manera, la película se convierte en una especie de fábula campirana-oriental, capaz de conmover a todo tipo de público y además mantener el interés de críticos y audiencia por igual.


Finalmente, Sang-woo aprende la lección más valiosa de su corta vida en el momento menos esperado. Luego de un fallido intento de día de juego con su nueva amiga, el cual  termina en accidente, regresa lastimado y lloroso a casa. 

Entonces, recuerda que en el bolso de su pantalón guardó un viejo paquete de su videojuego sin baterías, el cual su abuela había colocado entre sus juguetes ese día antes de salir. Tales  baterías eran bastante difíciles de conseguir en la zona. Sin embargo su abuela, en un gesto por demás inocente y puro decide obsequiarle el dinero que ganó con tanto sacrificio para que las adquiera, aunque esto le cueste un penoso regreso a pie desde el mercado local hasta su hogar con tal de ahorrar hasta el último centavo.

El regalo perfectamente envuelto en papel que tanto avergonzó en primera instancia al niño, ahora representa la reconexión con su propia alma y la de su abuela. Haciendo referencia al título de la película, este es el auténtico regreso a casa. La lección de amor incondicional toca su vida. Y como todo amor verdaderamente transformador, lo convierte en un mejor ser humano por decisión propia. De repente, todo aquello que le importaba pasa a segundo plano ante la revelación espiritual que tiene lugar en su infantil corazón.




El final de la película es cálido y feliz, ya que al regreso de Sang-woo a su hogar con su madre comienza a intercambiar cartas con su abuela (representada en pantalla por Kim Eul-boon, quien sorprendentemente nunca había actuado antes). La noble mujer aprende a escribir gracias a él, pero el esfuerzo le es perfectamente recompensado al niño, ya que ella a la vez le enseña a él todo acerca de la humildad, compasión, perdón y amor incondicional. 

The Way Home es una película lacrimógena, totalmente cierto. De aquí que sus lugares comunes excelentemente explotados e historia sencilla le hayan ayudado a romper el récord de recaudación de la poderosa Titanic (1997) en Corea del Sur. Sin embargo, el objetivo artístico de la directora y guionista se cumple a la perfección y los grandes presupuestos, marketing y costosos efectos especiales salen sobrando totalmente. 


                  

Siempre es momento para encontrar el camino de regreso a casa y en el trayecto reencontrarte con los mejores amigos, a los que acudirás en todo momento, tal como Sang-woo promete a su abuela. Incluso las cartas en blanco cobran un nuevo significado. Y tal como una de las sencillas amigas de la abuela le advierte cariñosamente, visitar a quienes amamos de vez en cuando antes de partir de este planeta, es una obligada, gratificante y elevada tarea personal. 

¿Acaso existe alguna otra cosa más trascendente que eso?




The Way Home, 2002
Distribuída por CJ Entertainment/Paramount Classics (en USA)
Corea del Sur
Escrita y dirigida por Lee Jong-hyang
Actuaciones de: Kim Eul-boon, Yu Seng-ho, Min Kiung-hyung
Fotografía: Yoon Hong-shik 
Música: Kim Dae-hong y Kim Yang-hee
Producida por Whang Jae-woo y Whang Woo-hyun







 

15 jul. 2014