Cinema Paradiso [1988]

7 jul. 2014

“Siempre pensé que tenía miedo de volver. Y ahora, después de tantos años pensé que era más fuerte. Que había olvidado muchas cosas. En cambio, me encuentro frente a todo como si me hubiese quedado. Sin embargo, miro alrededor y no conozco a nadie”.

Cinema Paradiso (título original: Nuovo Cinema Paradiso) es un homenaje al cine en su más pura expresión y en su más cruda esencia. La galardonada película italiana conmovió al público de todas partes del orbe y lo obligó a abrir el baúl de sus propios recuerdos, algo que puede resultar arriesgado, brutal, gratificante, triste y alegre. Todo al mismo tiempo.

Giuseppe Tornatore dirigió el proyecto de su vida en 1988 y su visión simplista de personajes, paisajes, lugares y situaciones es lo que convierte a esta obra en una pieza genial e imperecedera. Esa simplicidad, sin embargo, está repleta de belleza y tintes idealistas.  El director juega alevosamente con la psique del espectador con base en una estructura muy bien definida en la ultra Católica sociedad italiana de la postguerra: las figuras de autoridad emocional y religiosa (representadas en el sacerdote del pueblo y la madre del personaje principal). La figura paterna sustituta, a cargo de Alfredo, el mentor del pequeño Salvatore (Toto). Y la representación del amor romántico supremo, encarnado en la virginal Elena, el objeto de cariño del adolescente cinéfilo y soñador.
 
Tornatore echa mano de todo tipo de triquiñuelas y recursos cinematográficos para enfatizar e inyectar vida a cada una de las escenas, todos ellos perfectamente válidos. De esta forma, los close-ups  son tan importantes como el hermoso score a cargo de Ennio y Andrea Morricone. El uso excesivo de la música incidental permitió que las partituras se convirtieran en  personajes en sí mismas y son fácilmente reconocidas y apreciadas por los melómanos a ultranza.

Básicamente, Cinema Paradiso es el relato de la vida de un pueblo en la provincia italiana y cómo sus tragedias, tristezas, alegrías y encendidos deseos sexuales encuentran un lugar común en el cine local que da título al filme. El amor de Toto por la cabina de la sala cinematográfica recuerda al espectador lo breve de su tiempo en esta tierra y lo importante de hacer aquello que realmente amas, porque no vale la pena hacer otra cosa. Esa pasión lo lleva a convertirse en un experto en cine, técnica y artísticamente hablando.

Alfredo es el mejor padre que Salvatore puede llegar a tener, luego de perder al suyo en la guerra. El poco preparado pero inmensamente noble empleado de cine le enseña al pequeño y posteriormente al adolescente ávido de experiencias todo lo necesario sobre su oficio y la vida misma. De esta forma, se convierten en inseparables compañeros cósmicos, cuya unión desafía la tragedia y los años. 

El espectacular tributo cinematográfico al séptimo arte de parte de Tornatore tiene todo absolutamente para perdurar en la mente del espectador por una eternidad. Las academias de premios a nivel mundial así lo reconocieron, aunque no era realmente necesario. Cinema Paradiso ofrece una visión cronológica de la esperanza colectiva de cientos de personas, quienes  encuentran en el cine el refugio absoluto de la crueldad de la Segunda Guerra Mundial y de su propia eventual pobreza.

Las lecciones fílmicas suelen ser crueles. Y tal vez en esta ocasión lo más criticable del filme sea la moraleja anti-materialista relacionada con el destino final del personaje: “puedes tener éxito y fama, pero esto te costará  el amor, compañía y felicidad personal en general.” 

A pesar de ello, esta idea moralista pasa a segundo término ante los pequeños y grandes detalles de la obra que capturan los sentidos: la plaza con su loco defensor siempre en guardia, el mejor amigo de Salvatore recibiéndolo solitariamente cuando regresa del servicio militar con el corazón en la mano (quienes han visto la película saben quién es este breve pero entrañable personaje), el camino que recorre Alfredo diariamente de casa al trabajo en bicicleta, y el cine en sí mismo: el santuario de sueños y emociones cumplidas y frustradas. 

En más de un sentido, Cinema Paradiso subraya con énfasis la importancia del momento presente y el poder de valorar la sencillez  que damos por sentada día a día, antes que sea demasiado tarde. Después de todo, la vida tiene formas contundentes de recordarnos que no importa cuáles sean nuestros sueños, éstos también tienen fecha de caducidad. El reencuentro de Toto con sus amigos y conocidos de infancia habla bastante acerca de todo esto: la familiaridad y calidez ahora tienen un aire de distancia, y aquellos que formaban parte de su vida se han convertido en meros extraños.


Giuseppe Tornatore creó una obra magistral acerca del amor, la vocación, el crecer al lado de tus amigos, los inocentes sueños de infancia, el amor adolescente más puro posible, el inevitable despertar sexual, la dualidad tortuosa y fascinante a la vez de las figuras paterna y materna. Todo ello relatado a través de la pantalla del “Nuevo Cinema Paradiso”, el cual refleja la breve existencia de hombres y mujeres por igual y los eterniza en triacetato de celuloide. 

Afortunadamente, el tiempo no pasa tan brevemente como Toto expresa en una de las escenas cumbre y podemos disfrutar de estas dos horas de magia y celebración de la vida una y otra vez. Las actuaciones del inmortal Phillipe Noiret, el gallardo Marco Leonardi y el adorable pequeño Salvatore Cascio así como la fotografía de Blasco Giurato son la deliciosa cereza en el pastel.
 
Si para Toto el regalo final de parte de Alfredo es una caja de cintas conteniendo cientos de escenas de besos censurados, para quienes apreciamos la más impactante belleza cinematográfica el regalo perfecto es la sola existencia de esta película.
 
Gracias por ello señor Tornatore.


Cinema Paradiso
Italia, 1988
Distribuída por Miramax Films
Escrita y dirigida por Giuseppe Tornatore
Con las actuaciones de: Philippe Noiret, Marco Leonardi, Salvatore Cascio, Antonella Antinni, Agnese Nano and Jacques Perrin
Fotografía: Biasco Giurat 
Música: Ennio Morricone
Andrea Morricone

Junio 7, 2014

 

7 jul. 2014